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miércoles, 31 de diciembre de 2008

"Mi nombre es Harvey Milk" de Gus van Sant

Llevaba tiempo detrás de alguna de las películas de este señor, me refiero al director, los premios que había recibido y los comentarios de la crítica para algunos de sus últimos trabajos me lo hacían apetecible, pero ya se sabe, la vida tiene esas extrañas circunstancias a veces que ni nosotros mismos llegamos a entender con lo que esta es la primera ocasión en que uno se cruza en el camino del otro y desde mi punto de vista debo advertirles que el encuentro fue bastante afortunado.

La figura del protagonista Harvey Milk (Sean Penn) pienso que es bastante desconocida en nuestro país, hasta me aventuro a pensar que también lo es entre la comunidad homosexual, el hecho es que en San Francisco, parece ser un personaje de gran relevancia y que dejó huella en su relativamente corta existencia, consciente de una forma plena de lo que acaba siendo para su comunidad, se presta a ello a pesar de llegar a correr gran peligro su vida.

Milk, es un sentimiento una voz, no es tan solo una persona, es el deseo de miles y miles de personas que día tras día sienten agredidos sus derechos humanos, por parte de un grupo de retrógrados, no olvidemos que la acción se desarrolla a finales de los setenta, principios de los ochenta, cuando el tema de la homosexualidad se veía como si fuera una enfermedad, mi opinión es que Sean Penn acaba traspasando la pantalla para hacernos partícipes de todo lo descrito con anterioridad con su soberbia actuación, que probablemente le lleve al atril de los elegidos a recoger la preciada estatuilla dorada del Kodak theatre.

Otro de los elogios que hay que hacer al film, aparte de la soberbia actuación de Penn, es el ritmo sublime de la narración, el que todo acontezca cuando debe y que no acabe desagradando la mezcla de imágenes de archivo con la que a veces nos deleitan, mezcladas con las de la propia película en si, para nada se hace pesada su visualización, incluso sabiendo desde el principio de la producción como va a acabar todo, no podemos dejar de sentir cierta emoción al final cuando realmente nos encontramos ante ellos, por supuesto esto es mérito de la conducción que ha hecho Van Sant a lo largo de todo su discurso cinematográfico.

Todo está narrado sin exageraciones, como pienso que debe ser, con la literalidad que algunas escenas requieren y necesitan, que a alguno puede llegar a molestar, pero que quieren que les diga no es para tanto, abramos la mente y no seamos tan mojigatos, algo que me gustaría indicar y que parece que en cierta manera la película denuncia, es que la política vuelve igual de manipuladores a "heteros" como a "homos", esto le sirve al director para mostrar un elemento más de igualdad entre unos y otros, en lo malo y en lo bueno, por supuesto.

Mi nombre es Harvey Milk, se me antoja un cuento que nos muestra la vida de un personaje relevante de la comunidad gay que lucha por lo que realmente piensa y siente, un cuento que tiene un final de relativa felicidad, un cuento al que acabamos entregados de principio a fin, un cuento en el que la historia no es novedosa, pero quizás si que lo sea la forma de contárnosla, un cuento dulce y bello, con el edulcorante justo para que no resulte empalagoso, en resumen, un cuento que deberíamos todos ver y del que seguro que muchos vamos a disfrutar, tanto sea como digo o no, por favor pásense por aquí y me lo cuentan.


TRONCHA

3 comentarios:

CLNY dijo...

Una de mis favoritas del 2008! Feliz Año Nuevo!!

babel dijo...

En cuanto la estrenen, de cabeza!

Feliz comienzo ;)

cabezaborradora dijo...

La he visto y no es para tanto. La película va de más a menos hasta hacerse pesada y aburrida en una interminable parte final donde la política sustituye a las calles. Penn y Brolin están esenciales, pero la cinta cae en la comercialidad más lacrimógena. De todas maneras, merece la pena verla y está preparada para los Oscar, sobre todo para darle a Penn, el mejor actor, aunque yo se lo daría a Eastwood por Gran Torino