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jueves 8 de julio de 2010

"Nubes flotantes" de Mikio Naruse

Naruse se podría definir como el cuarto director en importancia de la historia del cine japonés, la verdad es que siempre se nombran a los tres grande Kurosawa, Mizoguchi y Ozu. No es muy explicable que Naruse aparezca siempre como en un segundo nivel, sus obras le avalan de tal manera que en lugar de un trío podría hablarse sin miedo de un fabuloso cuarteto.

La película nos cuenta la historia de dos personas cuya vida ha entrado en barrena, y no son capaces de levantar el vuelo. Por enésima vez la historia se sitúa en el Japón de posguerra, incluso hay que mencionar que en este trabajo si que hay alguna alusión al conflicto bélico. Además no solo se alude a este sino que directamente el protagonista admite que son los perdedores de la misma y que eso va a afectar de forma tajante a su forma de vivir.

Yukiko (Hideko Takamine) y Tamioka (Masayuki Mori) se conocen en Indochina, durante unos trabajos para el ministerio forestal, allí salta la chispa y su relación acaba siendo más intensa. De hecho el punto de referencia para que a posteriori se vuelvan a encontrar será su relación vivida en primera instancia. Ella sobre todo se aferra al recuerdo, para recobrar el amor de él, más bien se obstina en no renunciar, aunque Tamioka esté casado.

Ante un tema de relaciones de pareja, en la que pueden surgir conflictos y rupturas matrimoniales, la forma de narrarlo que tiene Naruse es tranquila y sosegada. Al contrario de como se haría en un trabajo de corte más occidental. Alguien que no esté muy acostumbrado al cine oriental, podría pensar que los personajes no sienten ni padecen, simplemente es otra forma de ver los conflictos y traumas personales. De hecho el director minimiza todo lo que puede los diálogos para mostrar estas situaciones de cierta tensión delante de la cámara y que prevalezca el lenguaje corporal, sobe todo el de los rostros.

Se puede decir que lo que le encanta al director japonés es experimentar con al resistencia del ser humano. Saber lo que realmente es capaz de dar de sí en situaciones totalmente extremas, situaciones no solo externas como podría ser su economía, trabajo, vivienda, situación social. Sino también unas condiciones intensas interiormente, como relacionan a los celos a la envidia, a que la persona amada acabe yéndose con otro tan solo por conveniencia ni siquiera porque lo desea.

En este dramático toma y daca se mueven continuamente nuestros personajes. Viviendo a veces juntos y otras separados, pero no alejándose demasiado uno del otro, refugiándose en ocasiones en la bebida para poder soportar los reproches de uno u otro. Esta inclinación recuerda a otros trabajos posteriores, donde la bebida juega un papel bastante importante en la degradación de las relaciones personales. En definitiva una obra maestra que deberíamos tener en cuenta y que quizás exija un poco de nuestra paciencia para que podamos apreciarla en su totalidad.



TRONCHA

miércoles 26 de mayo de 2010

"The wall" de Alan Parker

El mundo del cine en general y en particular el de las películas a veces es complicado, sobre todo a la hora de decidir el género de algunas producciones. Este que ahora mismo nos ocupa sería uno de estos ejemplos, donde mejor encajaría podría ser en la variedad de los musicales, alguien podría decir que no es así, pero a mi así me lo parece. Tampoco se puede negar que tenga ciertos tintes dramáticos pero lo que prima sobre el resto de las cosas es la música, toda ella extraída del álbum de la banda Pink Floyd con el mismo nombre que el film y que los de Cambridge habían publicado con enorme éxito tres años antes (1979).

The wall no contiene una historia normal, por dejarla un poco al margen de la generalidad se puede decir que la misma está contada prácticamente en un continuo flash back. Pink (Bob Geldof) es el protagonista de la misma, una estrella del rock que a pesar de su éxito vive marcado por su infancia. Con muy pocos diálogos Parker es capaz de ponernos en situación y descubrir la carencia de afecto que sufre nuestro principal debido a la carencia de la figura paterna, muerto en la segunda gran contienda.

El soporte musical sirve para que la narración se torne más metafórica si cabe, acompañado por imágenes de animación que de vez en cuando irrumpen en el film. Todo esto hace que el espectador piense que está en ocasiones ante un videoclip más que una película. La mezcla entre drama, música y animación hacen de este un trabajo único, que incluso pasado el tiempo se haya convertido en un icono para toda una generación.

Aun siendo el principal la música el puntal donde se sustenta todo, el realizador lo que realmente pretende es denunciar la sociedad que le rodea. El muro que se ha creado en cualquier civilización y que hace que el individuo acabe alienándose entre sus muros. Parker propone que nos levantemos de nuestro sillón e intentemos derribar dicho muro. Inclusive alguien podría pensar que es una alusión directa al muro que separaba las dos Alemanias en el momento de la realización de la película; puede que no anden demasiado descaminados.

Hay que pensar que este trabajo no es quizás para todos los estómagos, puede que haya gente que ni siquiera entienda o quiera entender la metáfora total de la historia. Lo que si que no se puede negar es que se convierte en un ejemplo único que merece la pena, tanto para personas que conozcan aquella época en la que se confeccionó, como el que quiera aprender más de aquella particular década de los ochenta.

TRONCHA

miércoles 12 de mayo de 2010

"Al final del camino" de Roberto Santiago

Es difícil comenzar a hablar de esta película, nada mas verla me pareció tal despropósito que decidí esperar un tiempo para acometer esta crítica y que mis vísceras se calmaran. He pensado durante ratos en ella, la he repasado en mi mente, quizás más tiempo del que realmente se merece. Y después de ese tiempo he decido acometer su reseña porque demorarla más era algo que no tenía sentido alguno.

No crean que tengo demasiado clara la pretensión que tenía el director al realizar dicho trabajo, pero pienso que fuera la que fuera no la consigue ni de lejos. Ni siquiera podemos comparar este ejemplo con otros dentro de la comedia ya que la entonces todavía saldría bastante más vapuleada de lo que va a acabar.

Se nos intenta contar la historia de un grupo de parejas que se encuentran en crisis y que gracias a la convivencia que se va a producir jornada tras jornada, la situación acabará mejorando. Pero es que no tenemos en ningún momento la sensación de estar en ninguna parte concreta del citado camino, aunque nos intenten llenar las escenas de extras que se notan lo que son a la legua.

Si uno se plantea hacer una comedia, puede ponerse frente a una historia con poco sentido o al menos que no haya profundidad en ella. Pero ya que lo que se busca es la sonrisa del espectador, uno debería dedicarse de lleno a pulir las situaciones graciosas y hacer gags de fuerza, para arrancar la carcajada del respetable. El principal problema del film es ese que dichas situaciones no están redondeadas, da la sensación que se cortan a medias y que portan no surten el efecto deseado.

Toda la filmación tiene una falta de ritmo brutal, no llega a coger la inercia que debería en ningún momento y ocurre lo peor, que llegado el momento todo se hace bastante previsible sin llegar a sorprender. Otra manía es tomar a actores que han triunfado en TV y obligarles a hacer los mismos papeles que en sus exitosas series, reincidiendo una y otra vez en los mismos cliches.

TRONCHA

viernes 7 de mayo de 2010

"Escondidos en Brujas" de Martin McDonagh

Ya tenía yo ganas de ponerme enfrente de esta producción. Son de esas que dejas pasar el tiempo y se te van escapando poco a poco, hasta que como todo llega el día. El que tuviera dos nominaciones apra los Oscars al menos la daba cierta categoría de interesante para querer visionarla, porque no es que me fie mucho de la selección que hace la academia del cine americano para luego entregar las estatuillas, pero bueno el interés ahí estaba.

La primera característica que definiría la película es que el guión es bastante original, de hecho esta fue una de sus nominaciones. No es habitual que cuando se hace el enfoque de una historia de gangster el punto de partida sea el del arrepentimiento del protagonista por la equivocación cometida en uno de los encargos recibidos. En general lo que le acontece y donde le acontece no es tampoco habitual, los personajes que lo rodean en su entorno tampoco sonal uso, por tanto esto hace que al menos la historia sea bastante inusual partiendo de una temática bastante repetida.

Lo inusitado de la historia no quiere decir que el realizador haya sabido plasmarlo en la película. Si vamos parte por parte se puede decir que el personaje de Ray (Colin Farrell) que es el que soporta todo sobre sus hombros está regularmente interpretado por Farrell. La de su compañero Ken (Brendan Gleeson) me parece de mayor calidad, y la esporádica aparición del personaje de Harry (Ralph Fiennes) practicamente no debería ser mencionada.

Las intenciones del realizador las veo perfectamente claras, entre ellas destacar el protagonismo quele quiere imprimir a la ciudad de Brujas. Pero lo hace de una manera tan forzada que no resulta, nos muestra la ciudad como si fueramos un turista más. Seguro que si se hubiera aplicado hubiera encontrado una manera mucho más sutil para sugerirnos la visita a la ciudad belga, dicho sea de paso que parece bastante hermosa.

Todo parece metido tan a la fuerza que no deja lugar a la insinuación, pienso que es demasiado literal a la hora de narrar las cosas. Esto le quita trascendencia a los temas por eso no creemos en la supuesta historia de amor con la que se topa el protagonista. Ni nos sensibilizamos cuando cuando la película se pone dramática e intenta que nos pongamos del lado del que está sufriendo, aunque quizás moralmente no debieramos hacerlo.

En resumen definiría este Escondidos en Brujas como un film con bastante potencial, que nos muestra una vez más las andanzas de la torpe mafia británica, la más burlesca del cine. Un trabajo que llega a entretener en momentos determinados, pero que tiene bajones que acaban haciéndola previsible. No está mal buscar el lado humano de un asesino e intentar justificar sus actos, pero en honor a la verdad hay que decir que McDonagh en este ejemplo no lo consigue.

TRONCHA

lunes 3 de mayo de 2010

"Retorno al pasado" de Jacques Tourneur

Cuantos y maravillosos ejemplos hay de grandes películas en el cine negro americano, que buen cine se realizó durante cierta época. Que pena que algunos no pudiéramos haberla vivido. Este de Tourneur es un ejemplo más de una buena historia, pero que en realidad no alcance la altura a la que llegan los personajes que la protagonizan. Este probablemente fue el secreto de tantas buenas películas un cocktail inmejorable de buenos actores, con buenas interpretaciones y sobre todo con personajes excepcionalmente trabajados.

La narración de la historia tiene dos partes bien diferenciadas. En el primer tramo de la película la acción se desarrolla en un continuo flash back donde nuestro protagonista Jeff Bailey (Robert Mitchum) intenta contarle su pasado a su actual pareja. Jeff no es mala gente pero la vida le ha situado en una encrucijada complicada de la que nadie le va a ayudar a salir. A su favor cuenta que en el presente parte de cero, tratando de llevar una vida honrada.

La segunda parte de la película transcurre ya en el presente, una vez que hemos sido testigos del pasado de Jeff y tenemos toda la información necesaria. A partir de este momento es cuando comienza a subir la tensión del discurso narrativo. Como en tantas otras obras del género negro los flecos que se dejaron en el pasado arrastran hasta el presente y acaban alcanzando al que los dejó, hay que andar muy avispado para salir ileso y sobre todo capear el temporal que se avecina.

Si había un componente que se repetía en las producciones de esta época era el del personaje de la femme fatale, en nuestro caso encarnado por Catherine (Jane Greer). Nunca se puede decir que este es el más o el menos en algo, porque aun queda mucho por ver. Pero les aseguro que el personaje de la Greer, es uno de los más retorcidos, ventajistas, manipuladores que he visto dentro de las películas del género. Su trazo es genial, hay ocasiones en que el espectador acaba igual de turbado que el personaje que tiene enfrente.

La situación entre ambos protagonistas se convierte en un toma y daca de engaños entre ambos. Ninguno está seguro del otro, pero aun así algo irrefrenable les une, incluso teniendo claro que dicha relación les puede llevar a un punto sin retorno y fatal. Por supuesto no quiero desvelar más de la trama, porque perdería su esencia total, comentar que esta me dejo determinada sensación. Hay tanta de necesidad de dejar todo cerrado que no queda bien explicado y el director debe recurrir a los diálogos para solventarlo y no dejar al espectador con la incertidumbre.

De todas maneras y para ir acabando, el conjunto es muy bueno, los personajes son fantásticos todos ellos. Los secundarios gozan de bastante fuerza y esto hace que destaquen más aun los principales. La forma de colocar la cámara como si estuviera justo detrás del hombro de uno de los interlocutores es muy efectivo. En definitiva y para resumir, la realización nos acaba enganchando de principio a fin, y acabamos identificándonos con esos personajes tan bien rematados.

TRONCHA

miércoles 28 de abril de 2010

"El planeta de las tormentas" de Paul Klushantsev

Cuando estamos ante trabajos tan peculiares como este, de los que prácticamente no se han oído hablar y que proviene de un país que tuvo sus fronteras cerradas al resto del mundo tanto tiempo, no hay más remedio que intentar enterarse de algo para al menos contextualizar la filmación. La URSS fue un país que precisamente en su día no se caracterizó por ser el edén de la libertad ni el mejor campo de cultivo para la información o divulgación que no estuvieran aprobadas por el partido.

A primera vista se puede apreciar que también en la extinta unión soviética, también se hacían productos similares a los del resto del mundo dentro de su cinematografía. Nuestra película en cuestión narra un viaje a Venus, nada más y nada menos, de tres naves, Sirio, Vega y Capella. No se puede negar que el planteamiento inicial no es novedoso, no recuerdo anteriores viajes a dichos planetas en otras realizaciones que haya visto.

El caso es que vamos a ser testigos de cómo nuestros astronautas aterrizan y exploran la superficie del planeta que por supuesto está repleto de misterios. En este punto debo indicar que los efectos especiales me parecen bastante buenos para la época, por supuesto ahora serían de lo más precario. Algunas de las plantas carnívoras que habían el planeta son dignas de los relatos de Lovecraft.

Nuestros cosmonautas acompañados del robot John, se van a encontrar con un periplo increíble de animales, en su mayoría prehistóricos, esto les hace plantearse de forma abierta a través de sus diálogos la teoría de la evolución de Darwin. Incluso batallar sobre la posible idea de que el planeta tierra estuviera anteriormente habitado, antes de la llegada del hombre, otra idea bastante Lovecriana, si me permiten la palabra.

El hecho es que aunque los viajeros estelares viven toda serie de vicisitudes y peligros, estos no trascienden con la intensidad que deberían hacia el espectador, hay situaciones que da la sensación que pertenecen a su día a día, porque ni se inmutan ante ellas. Este es el gran problema de la película, la falta de transmisión y de interpretación de los personajes, por todo esto se puede calificar de bastante plana narrativamente hablando y por supuesto austera.

Aun así conviene tener en cuenta es te título porque entre otras cosas si mal no he leído Roger Corman compró los derechos sobre el mismo para posteriormente hacer “Voyage to the Prehistoric Planet” (1965). Incluso el mismísimo Kubrick asegura que algunas escenas determinas se copiaron toma a toma en su obra maestra “2001, una odisea en el espacio” (1968), incluso a un servidor algunas de las escenas le recuerdan a “Terror en el espacio” (1965) de Mario Bava. Al menos por estas indicaciones este título ha de ser tenido en consideración aunque solo sea porque sirvió como referente para otros títulos posteriores.



TRONCHA

viernes 23 de abril de 2010

"Cache" de Michael Haneke

Hablar del cine de Haneke no es una tarea demasiado sencilla, porque estamos ante uno de los claros exponentes del cine contemporáneo, el que más cosas novedosas ha aportado al mundo del séptimo arte. Aportar no quiere decir gustar y como siempre pasa para todo esto, sus trabajos no están elaborados para que todos los estómagos los puedan asimilar. Aun así hay que reconocer que estamos ante algo distinto, algo que no vamos a encontrar en el cine comercial habitual al que todos estamos probablemente mucho más acostumbrados.

Precisamente esa es la premisa principal del cineasta a la hora de hacer sus realizaciones, el asemejarse menos posible. Porque sino es capaz de entregar al mercado USA un remake de Funny games (2007) hecho exactamente igual, plano a plano, para demostrar a estos que no hay otra forma de hacer el film y contar lo que él quiere contar. Solo él tiene ese desparpajo a la hora de decir a la cara las cosas, de poner al espectador frente a los problemas de la vida.

Caché (2005)es un ejemplo más de lo desarrollado en los anteriores párrafos, supone una exposición de un hecho que va de frente contra la moralidad del espectador. Con ello se pretende que cuando nos levantemos de la butaca y salgamos de la sala, nuestra conciencia se haya conmovido y haya enviado al cerebro la orden de pensar en la historia que hemos sido testigos.

El vehículo para conseguir todo esto es lo más neutro posible, para que la idea prepondere sobre el entorno en el que se acaba desarrollando. No importan los personajes, son meros soportes para que la narración fluya, incluso da la sensación a veces que acaba maltratándolos. No somos conscientes siquiera de porque están ahí, de donde han venido o hacia donde van, sus desarrollos son bastante planos sin giros ni altibajos.

Por otro lado los diálogos según el propio director es la parte del film que más le divierte, sensación totalmente opuesta es la que siente un servidor cuando está frente a los de este film. Sobre todo los que se llevan a cabo entre el que podemos denominar protagonista Georges (Daniel Auteuil) y Majid (Maurice Bénichou), incluso con el hijo de este (Walid Afkir), de alguna manera uno representa a la Francia que machacó a los argelinos (representado por los otros dos) como parte de la metáfora general que supone la producción.

El caso es que tanto los irreconciliables diálogos, como los planos que utiliza el director demuestran una y otra vez lo que anteriormente hacíamos referencia de la metáfora narrativa, viene a poner al espectador en la diatriba moral de que todo el mundo tiene un pasado oculto. En este caso es bastante evidente que trata sobre la colonización francesa sobre Argelia, pero cualquier espectador o país puede sentirse identificado ya que todos tenemos algo que esconder y que en algunos caso vuelve a salir a flote tarde o temprano.

No obstante la película podría tener muchas vertientes en cuanto a su análisis, incluso si la tomamos plano a plano, cada uno le podemos dar una interpretación distinta, aunque hay alguno muy rotundos. Les recomiendo su visionado para que ustedes mismos por ejemplo busquen una solución al tema de las cintas que aparecen en el domicilio de la familia Laurent, que opinión les merece, incluso sobre el final abierto que plantea Haneke al acabarla.

TRONCHA

miércoles 21 de abril de 2010

"Madre" de Mikio Naruse

El cine de Naruse se ha caracterizado por ser el mayor exponente del concepto Mono no aware que dicho en cristiano aunque no sea demasiado explicativo significa algo así como la belleza de lo efímero. Es cierto que lo que vemos cuando estamos delante de uno de sus trabajos es de una exquisitez y de una sensibilidad increíbles, pero la frase que prefiero para definir su estilo es la del gran emperador (Kurosawa), que afirmaba que el cine de su compatriota era como un gran rio en el que la superficie permanece calmada, pero debajo de esta, el fondo está lleno de turbulencias.

A primera vista la historia que nos cuenta en este trabajo podría parecer pesimista se obtendría una primera imagen bastante errónea, si no rascamos en la superficie. Para alguien que no indagara mucho, lo que Naruse muestra es el día a día de una familia que está pagando las consecuencias de que su país sea uno de los perdedores de la guerra y no se equivocaría. Pero como dice el gran maestro Kurosawa, hay que mirar el fondo, donde están las turbulencias, mirar dentro de los personajes para darnos cuenta de lo que realmente el director nos quiere mostrar.

Sus bases para contar la historia son siempre femeninas, las mujeres de sus películas son los ejes en torno a los cuales gira toda la historia. En este ejemplo Masako (Kinuyo Tanaka) es la madre de todos los que componen la casa, es el núcleo de tan peculiar conjunto de personajes, el nexo que une a todos. Es de destacar que siendo la japonesa una sociedad a primera vista bastante machista, su cine nos ha mostrado muchos ejemplos de mujeres con bastante influencia y protagonismo a la hora de decidir los designios de sus existencias.

En este caso en el que ahora estamos inmersos las mujeres siempre llevan la voz cantante, los hombres están como en una especie de segundo plano, son necesarios para la narración, por supuesto, pero no con la rotundidad que lo son las féminas. Ellas, por unas causas u otras acaban soportando el peso de la responsabilidad, son las que tiran para delante del carro, trabajando, cuidando la casa, los hijos el marido y siempre esbozando una sonrisa. Como ejemplo de esto hay escena definitiva en la que después de ver que todos han ido a dormir, Masako, no puede más con la tensión y sale a la calle a llorar al ver que ha conseguido un día más que los suyos estén bien.

Dentro de este entorno de necesidad y de carencias materiales que nos describe Naruse siempre hay un rayo de luz, de alegría por momentos efímeros y pequeños que en realidad son los que dan sentido a la vida. Ese momento necesario para relajar la tensión de la cotidianeidad y para evitar la depresión, el director se da cuenta de ello y para contrarrestar esa negatividad pone a los personajes de los dos pequeños de la casa que son los que realmente distienden la narración cuando está se tensa y parece convertirse en un drama de magnitudes mayores.

Haciendo una vez más hincapié en lo mismo, la película tiene una carga de profundidad bastante notable, eso no quiere decir que la superficie sea desdeñable. El uso de la cámara es increíble, llegando a plasmar algunos encuadres de gran plasticidad, incluso que inspiran poesía. Pero ya digo que debajo es donde está la chicha, donde vemos de lo que una familia es capaz de hacer por amor a una sacrificada, incluso aunque las decisiones que tomen sean de una firmeza increíble y lleven implícitas el dolor y sufrimiento propio y del resto.



TRONCHA

lunes 19 de abril de 2010

"Gente de mala calidad" de José Cavestany

Si soy sincero con ustedes no se por donde empezar esta reseña, el título ofrecía bastante desconfianza, no haber oído hablar de ella era algo positivo, pero transcurrido un tiempo ya desde su estreno no tanto. Del realizador poco sabía, y entonces va uno y se acerca por ejemplo a internet para husmear lo que acumula a sus espaldas, es entonces cuando uno sale más espantado todavía si cabe. Pero claro como a todo el mundo hay que darle su oportunidad, no iba a ser menos con el trabajo de Cavestany, aunque luego sea para ponerle verde como va a ser el caso de los párrafos que vayan seguidos a este.

Hay críticos que defienden que para analizar una obra hay que saber lo que el realizador pretendía reflejar con ella, para ver si realmente lo ha logrado, en mi opinión esto es tener demasiadas pistas. Por otro lado hay otro grupo que defiende que la película hay que intentar analizarla como una obra independiente y analizar las intenciones del director como parte de un todo. Si me preguntan en este caso cuales eran las intenciones del padre de la criatura les juro que no se ven por ningún lado, teorías podíamos plantear unas cuantas pero de verdad que sería una perdida de tiempo y no merece la pena.

Esta es una película rala, sin pretensión ninguna, y si la tuviera para nada queda reflejada en ningún momento. Los personajes están totalmente deslavazados, no tienen perfil ninguno y ni siquiera se ha preocupado en desarrollarlos, vale que estemos en una película coral, pero un poco más de seriedad. Tenía pensado ir desarrollándolos más o menos uno a uno, pero es que la verdad es que no apetece demasiado, son tan defectuosos que no da ninguna gana. Claro que a la simplonería de estos contribuyen en gran manera sus interpretes, que tienen mucho de estrellas de televisión y poco de actores, la que es más actriz, Maribel Verdú (Osiris) es quizás la que peor personaje desarrolla no entendiendo muchos aspectos del mismo.

Al principio y por el desarrollo de la historia podría aparecer la idea en nuestra mente de que estamos ante un retrato de la sociedad actual o para ser más exactos de hace unos pocos años. Yo he vivido dicha época y ni yo, ni nadie de mi entorno o cercano vive de una forma tan grotesca como lo hacen los personajes de la película. Pero no en serio sigan mi consejo y deséchenla de su mente, me lo agradecerán este dislate de filmación no tiene nada de eso, en todo caso refleja el absurdo, llegando incluso en ocasiones a rozar el ridículo, y esto si que trasciende hasta el espectador, porque les aseguro que en muchas ocasiones van a pasar vergüenza ajena.

Ni siquiera funciona el marco de comedia en el que se la ha querido enclavar, comedia amarga o intento de ello, insisto. No se puede negar que hay momentos en los que se esboza alguna sonrisa, pero de verdad que no llegarán a la carcajada. Lo peor de todo es que una y otra vez se recurre a las mismas fórmulas a la hora de realizar los chistes y claro ante esto llegado el omento el espectador ya sabe la gracia de turno que toca en cada momento determinado, perdiendo la espontaneidad del gag. En serio no merece la pena que por cuatro sonrisillas que vayan a esbozar se traguen noventa minutos de un completo desatino y trabajo muy mal confeccionado, evítenselo y dediquen su tiempo a menesteres que les reporten mayor placer.


TRONCHA

viernes 16 de abril de 2010

"Los amantes del círculo polar" de Julio Medem

A muchas personas si les pidieras que te describieran una bonita historia, seguro que te hablarían de una historia en la que el amor cobrara mucho protagonismo. Es muy habitual que las personas busquen en el cine lo que no tienen en la vida real, o que si que poseen pero no de la manera que les gustaría que fuera. Lo que realmente hacen es proyectar sus ilusiones en la gran pantalla, para acabar identificándose con uno de los personajes y pretender que en su vida cotidiana suceda lo mismo que en la realización, algo bastante complicado ya que estamos tratando, nunca lo olvidemos, de ficción.

La película nos cuenta el amor que existe entre nuestros dos protagonistas Ana (Najwa Nimri) y Otto (Fele Martínez), una historia de amor realmente pura, que se inicia en la infancia, de repente sin más, cuando uno aun es un infante y todavía su mente se mantiene relativamente pura. Aun no está contaminada por los intereses o por la envidia, por los egoísmos y el materialismo, mentes ambas que irán descubriendo el amor al prójimo y sus variantes poco a poco probablemente de la forma más inocente, mostrándonos una relación sosegada, aunque intensa, incluso en cierta manera agradable.

Al mismo tiempo este planteamiento tan primario del amor y de su extensión en las vidas de los personajes se sirve a Medem como instrumento para criticar las relaciones de las personas. Intenta demostrarnos que la pureza de los sentimientos está en nuestros orígenes, que el ser humano se va volviendo peor, a medida que transcurren los años, nada es tan sincero y puro como al principio. Y para de verificarlo de una forma definitiva y tajante hace que nuestros dos protagonistas también acaben sucumbiendo a esta premisa, acaban haciendo de algo especial como era su relación, algo cotidiano e incluso anodino.

El realizador especula continuamente con los tempos de la película, tan pronto estamos en la realidad, como nos vemos inmersos en los sueños de los protagonistas, lo que vemos en muchas ocasiones no es real, por momentos nos situamos dentro de la mente de ellos para hacer más tangibles sus sentimientos. Con esto parece demostrarnos que el mundo de los sueños está impregnado de deseos hechos realidad, y que por el contrario la cruda realidad acaba chocando con la realización de muchos de estos deseos, si se me permite el trabalenguas.

Lo que pasa es que a veces la forma de narrar la historia la hace bastante simplona, hay escenas en las que rozamos la cursilada, dando incluso un poco de vergüenza ajena. Estamos ante un planteamiento tan minimalista en algunas de las ocasiones que se acaba traspasando la frontera de la inexpresividad, y a todo esto ayudan ambos protagonistas, sobre todo ella, ya que la Nimri, puede resultar bastante atractiva, pero para nada expresiva. Todo esto ayuda a diseñar esa imagen de frialdad que se pretende transmitir en todo momento del film, el frío es necesario para que todo funcione, es el elemento purificador.

La película goza de una gran inteligencia, con ciertas partes de inexpresividad, incluso si se me permite de infantilismo. La forma en la que está narrada no me gusta, las intervenciones de la voz en off son continuas y el cartel que da comienzo a cada segmento, todo esto se hace innecesario, debería ser capaz de apoyarse menos en estos diálogos y narrar mejor con la imagen. Aun así la filmación transcurre en una metáfora prácticamente continua que realmente la hace un producto agradable, metáforas agudas que están a todo lo largo del metraje.

TRONCHA

lunes 12 de abril de 2010

"La diligencia" de John Ford

Que Ford es uno de los mejores no admite discusión, pocos o ninguno se pondrían en contra de su cine. Una de su principal virtud es que es un gran contador de historias, sus narraciones son de lo más interesante, no se limita a cumplir con las premisas del cine. Intenta que nos interese lo que estamos viendo que disfrutemos con el cuento que ha preparado para nosotros, mostrándonoslo a modo de aventura, haciendo un tipo de cine que puede interesar a todos y que como gran cualidad soporta perfectamente el paso del tiempo lo que le hace aun mejor si cabe.

La diligencia, probablemente sea uno de sus trabajos más conocidos y por supuesto una de sus obras maestras sin lugar a dudas. En este trabajo no se limita a mostrarnos el viaje del coche de caballos sin más y esperar a que tarde o temprano sea atacado por los apaches. Si lo pensamos fríamente los apaches como definiría en su día Hitchcock son el mcguffing de la película, no se ajusta del todo al concepto en sí, pero cumple con creces la tensión necesaria, para que el espectador este continuamente pendiente de en que rincón del recorrido va a surgir la disputa.

El gran plantel de personajes que nos muestra es donde reside el secreto del éxito de esta producción. Algo tan simple como el habitual recorrido de una diligencia, Ford la convierte en una aventura digna del mejor escritor de novelas. Un coche tirado por caballos que aparentemente va a partir prácticamente vacío por distintas circunstancias acaba llenándose a rebosar, por supuesto que nosotros mismos nos consideramos un viajero más, como pretende el realizador.

Todos los personajes tienen una serie de particularidades que les hacen distintas al resto, están perfectamente perfilados y cumplen la función que se les asigna. Dallas (Claire Trevor) ha sido expulsada del pueblo por su dudosa moral, la gente solo ha mirado su fachada nadie se ha detenido a mirar su interior. Ringo (John Wayne), tiene una deuda contraída y aunque incluso el amor se cruce delante de él, debe saldarla, su venganza no admite aplazamientos. Lucy Malory (Louise Platt) representa la alta sociedad, casada con un militar y de educación y moral refinadas, acaba dándose cuenta de lo que realmente es la vida. Hatfield (John Carradine) sudista, jugador y una especie de vividor, perdedor de la guerra, pero que le sirve al director para mostrar a los otros que disputaron la guerra. Y por supuesto como buen irlandés una pincelada de humor con el personaje del Doc Boone (Thomas Mitchell), doctor, siempre ebrio, una constante en los westerns y según se define a si mismo fatalista, pero que en realidad acaba asumiendo el papel de filántropo del grupo.

Me ha parecido oportuno definir a los personajes que tienen más relevancia en la realización porque creo que tienen una importancia increíble para que todo funcione a la perfección. La diligencia en realidad es un espacio realmente limitado que Ford hace increíblemente grande llenándolo de experiencias e interacciones entre los personajes. Las personas que deciden subir a ella no volverán a ser las mismas cuando el viaje llegue a su fin, este recorrido que discurre entre las inclemencias temporales y la amenaza constante del ataque indio, consigue sacar a todos lo mejor de ellos mismos.

A lo largo de los importante diálogos de los personajes, el director plantea una serie de temas que pueden interesar más o menos al espectador, como son la guerra de secesión, el tema de la venganza, el honor, etc. Pero el que quizás impera sobre el resto es el de la hipocresía, el de las falsas apariencias, el del parecer en lugar del ser. Esta claro que ford parece decirnos que el ser humano comete errores en su vida, que estos hay ocasiones en los que les persiguen toda ella, pero que aun así lo que realmente importa es que cualquiera puede ser feliz si mira hacia su interior y acaba encontrando algún resquicio de nobleza.

Estamos ante cine en estado puro, un cine sin recovecos, sin complicaciones, en estado literal, donde lo que vemos es lo que hay, un western con retazos de drama, de película de suspense y con por supuesto con sus momentos de humor incluso negro, en definitiva una fantástica producción que nadie debería perderse. Un largometraje que podríamos analizar desde muchos otros ángulos y que daría para bastantes palabras u horas de tertulia, como ya lo ha hecho generación tras generación.

TRONCHA

viernes 9 de abril de 2010

"Pale flower" de Masushiro Shinoda

Para comenzar a hablar del trabajo de Shinoda vamos a intentar situarnos un poco en contexto, para así ayudar a la comprensión de su realización. Junto a Nagisha Osima y Shohei Imamura es una de las cabezas visibles del cine de la nueva ola japonesa, esos nuevos directores que intentan sacudirse el estilo que han impuesto los grandes maestros que les han precedido con anterioridad, Ozu, Kurosawa y Mizoguchi entre ellos. Esta nueva generación de directores pretende un punto de vista más social del cine, incluso dejando un poco de lado las tradiciones de siempre, llegando en ocasiones a occidentalizar bastante sus producciones.

Este título no podemos decir que pertenezca al ámbito del cine social anteriormente mencionado, pero si que podemos ver el sello de Shinoda. Trata los temas fundamentales de su cine y los que se repiten en casi todas sus trabajos, mencionándolos a todos, serian, el dolor, la belleza y la destrucción del amor pasional. No cabe duda alguna que según asistimos al devenir de los acontecimientos nos damos perfecta cuenta que la película que estamos tratando tiene bastante de estos tres temas.

Al igual que en Francia se produce el polar, en España esa pequeña época de cine negro, por mencionar dos nacionalidades cercanas. Japón no se libra de esta influencia y también comienza a realizar una serie de producciones en las que se ve clara la influencia del género negro americano. Este tipo de cine surge después de que los americanos abandonen el protectorado que ejercen sobre el pueblo nipón al ser uno de los perdedores de la segunda guerra mundial. De hecho nuestros personajes desarrollan sus diligencias entre boleras, calmando su sed con refrescos de Coca-Cola y llevando trajes de corte más occidental que los habituales negros japoneses.

Estamos ante la historia de Muraki (Ryo Ikebe) el principal protagonista y eje conductor de toda la historia, un yakuza que acaba de salir de la cárcel porque tuvo que realizar un trabajo para su jefe. Aunque pertenece a su grupo, su forma de actuar parece más bien solitaria, gozando incluso de cierta independencia que es ajena a otros miembros de su clan. En un local de juego conoce a Saeko (Mariko Kaga), una niña rica que está cansada de su vida y que decide sumergirse en el mundo del juego y de las apuestas para dar un mayor aliciente a su existencia.

Muraki ejerce como mecenas de la chica cuando ella decide dedicarse a gastar su dinero en partidas de profesionales, a partir de aquí es cuando estamos más cerca del yakuza, nos damos cuenta de sus sentimientos de cómo ha cambiado su vida. Es consciente que quien decide unirse a la yakuza lo hace para siempre, cumplir con los preceptos de honor, obligación y deber que dicha organización promulga le es fácil. El problema surge cuando los sentimientos interfieren en su vida, cuando Muraki deja de ser un hombre frío y dispuesto incluso a matar si así se le ordena, para darse cuenta que hay más cosas que merecen la pena y quizás se las haya perdido por equivocar su camino.

La forma de la narrar la historia recuerda una vez más a ese camino que todo samurai debe recorrer para conseguir o limpiar su honor. En este caso apartándolo de esta idea clásica, el solitario caminar de Muraki le identifica como un hombre más, como un hombre cualquiera que por las exigencias de la vida tiene que renunciar a algunos de sus encantos y por tanto no puede evitar que le infrinjan dolor. El final resume a la perfección lo que he explicado en las líneas anteriores, por esto y otros aspectos del film, Shinoda se convierte en un director de referencia en la historia del cine japonés muy a tener en cuenta.

TRONCHA

miércoles 7 de abril de 2010

"El último metro" de François Truffaut

Ya iba siendo hora que en este particular rincón le fuéramos haciendo un hueco al maestro francés, si mi memoria no me falla creo que es la primera entrada de una de sus películas. La verdad es que no tenemos perdón de ninguna de las maneras, haber relegado durante tiempo al principal precursor de la Nouvelle vague, a un exacerbado amante del cine, que incluso en ocasiones declaró que lo consideraba más importante que la vida misma. Y que prefería ver esta por la prisma imaginario que le ofrecía el séptimo arte que por el de la realidad en si.

La historia de "El último metro", se sitúa en los años de la Francia ocupada durante la segunda guerra mundial. Como ocupantes de territorio galo, los nazis imponen, entre otras muchas cosas, el toque de queda a los habitantes de París, por tanto a diario se apresuran para coger ese último metro que les lleve a sus domicilios antes de que las calles queden desiertas.

Si atendemos a esta breve introducción podemos pensar que Truffaut se adentra en los entresijos de la gran conflagración mundial y que nos llega a situar frente a un film político, nada más lejos de las intenciones del realizador. Ni siquiera debemos pensar que utilice dicha etapa de la historia de Francia para tomar una actitud moralizadora sobre ella. Este entorno para lo que realmente le sirve es para realizar con este film su particular homenaje a la gente del teatro.

Los personajes que perfilan su película viven prácticamente ajenos al conflicto que les rodea, por supuesto que sus vidas están determinadas por ello, incluso algunos de ellos van a participar de forma activa. Pero eso no es lo realmente importante de la película, lo que interesa son los sentimientos y las relaciones en el grupo. Dejando quizás la duda al espectador de si en aquellos tiempos y viendo lo que estaba ocurriendo en el resto de Europa, lo propio era hacer teatro o tomar un arma y marchar al frente a luchar por la libertad.

Elogiar la interpretación de los dos protagonistas Marion Steiner (Catherine Deneuve) y Bernard Granger (Gérard Depardieu), sobre todo la de ella, mujer entre dos mundos y dos hombres. Aunque en honor a la verdad he de decir que lo que menos me creo de toda la historia es la historia de amor que surje entre ambos, lo hace de manera espontánea, poco elabora y para mi nada verdadera. Es como si el realizador hubiera forzado un poco la máquina para mostrarnos a una Deneuve mucho menos fría (más apasionada) que en otros trabajos suyos.

El hecho es que a través de la fantástica actriz nos muestra esos dos mundos que coexistieron durante esa y otras conflagraciones bélicas, el de la superficie, lleno de hipocresías y disimulos, ambas posturas necesarias para poder conservar la vida. Por otro lado el mundo subterráneo, el habitado por los perseguidos por los que no pueden arriesgar un ápice ya que su vida se resolvería de inmediato. Pues entre ambos planos es donde ella se mueve como pez en el agua, en una especie de descenso al infierno y ascenso a los cielos.



TRONCHA

lunes 29 de marzo de 2010

"Crónica negra" de Jean Pierre Melville

A estas alturas me resulta un poco raro comentar mi devoción por Melville, de todos los que habitualmente pasan por este blog es sabido que es uno de nuestros buques insignia sin ir más lejos la cabecera de este rincón de internet es de una de sus películas ("Hasta el último aliento" (1966)). Si alguien me preguntara el porque de esta inclinación no sabría responder algo concreto, seguro que se me ocurrirían una serie de aspectos, el tratamiento particular de los personajes probablemente fuera uno de los esenciales, la rotundidad que imprime a los mismos y como les da forma para que acabemos entendiendo todos sus actos.

Quizás si en este caso se hubiera respetado el título original ("Un flic") desde el primer momento nos hubiéramos dado cuenta por donde iban los tiros, pero como en nuestro particular país somos así, le dimos otro que realmente no dice nada y menos se corresponde con lo que vemos. El director lo que pretende sobre todas las cosas es destacar la figura del comisario Coleman (Alain Delon), a través de peculiar sobriedad, de su particular estilo, pretende mostrarnos como actúa este personaje de rostro impenetrable y casi imperturbable, de cómo su mente maquina para imponer la ley a quien intenta quedarse fuera de ella.

Al contrario que en ejemplos anteriores, en este último trabajo el maestro del cine negro francés apunta de manera bien distinta a planteamientos pretéritos. En este trabajo pretende dimanar una imagen de modernidad y de juventud del lado de la ley, de hecho, el propio Coleman aunque bastante avezado en su trabajo es una persona joven, trabaja en un edificio de nueva construcción. La comisaría donde se haya su despacho es totalmente nueva, incluso el vehículo que utiliza en sus desplazamientos parece ciertamente novedoso, porque o decirlo también la forma de vestir no tiene nada que ver con el de algunos de sus compañeros más veteranos. Por definirlo en una frase estamos ante el nuevo hombre del siglo XXI, moderno, inteligente, consciente del lugar que ocupa en la sociedad que le ha tocado vivir.

En contraposición a todo esto tenemos a nuestro grupo de atracadores, vestidos a la vieja usanza, no han conseguido dejar la trasnochada gabardina en el armario. Sus sienes están plateadas debido a las canas y es que la edad no perdona, no han conseguido adaptarse a los nuevos tiempos. Incluso los coches que utilizan en sus correrías son de gama alta pero todos unos clásicos. Aun así no crean que son una banda de cualquieras, ellos urden su plan de una forma milimétrica como a Melville le gusta, teniendo en cuenta los lugares idóneos donde la fechoría se hace más favorable, y como siempre hizo durante su carrera, tranquilos, vamos a ser testigos de todos los detalles que se produzcan durante el robo, incluso rodados casi en tiempo real.

Melville siempre fue un detallista de estos aspectos, le encantó hacer verosímiles estas situaciones, para que el espectador no se sintiera engañado, nos llegaba a mostrar incluso las especiales herramientas fabricadas para acceder a los lugares requeridos. Aprovecho para indicar la poca calidad de las imágenes de la escena del helicóptero y del tren, se delatan por si mismas y considero que podía haber hecho un mayor esfuerzo a la hora de su realización, no dando la sensación de mediocridad que en todo momento siento cuando las veo, no puedo evitar dar este “toque” al maestro.

No solo es digna de mención la forma de actuar de los delincuentes en general en el cine de Melville y en particular en este trabajo, todos sus investigadores, comisarios, policías, etc, los que a la postre resolverán el caso tienen una agudeza increíble, no exentos de una profusa inteligencia por supuesto. Coleman ya hemos dicho que es un tipo duro, capaz de hacernos saltar de la butaca cada vez que suelta la mano y esta se estrella en el rostro de alguien, pero no se equivoquen su mente es aun más dura. Su psicología le permite controlar las situaciones a su antojo, conoce perfectamente su entorno y esto le hace que pueda prescindir del diálogo cuando va a transmitir algo a quien le conoce, su férrea mirada basta.

Como hacen algunos animales para enseñar a sus crías a cazar, Coleman se regodea en su presa, no se limita en acercarla a terreno farragoso para que no pueda defenderse. Sobre todas las cosas le preocupa que le consideren superior, que se den cuenta que no hay manera posible de burlarse de su inteligencia. Si ellos son capaces de urdir un plan cuasi perfecto para cometer el delito, una vez cometido este él será capaz de fraguar otro aun mejor que sus enemigos para demostrarles una de las premisas que siempre ha imperado en la filmografía del cineasta galo, el que la hace la paga, antes o después.



TRONCHA

miércoles 24 de marzo de 2010

"Bagdad Café" de Percy Adlon

You can read this text translated into english at: Bagdad Cafe

Hay directores que de repente se les llena la mente de lucidez y nos regalan un trabajo repleto de genialidad y tal cual han entrado de repente en nuestras vidas, poco a poco van saliendo y se dejan llevar sin mostrarnos en el futuro indicios de aquella agudeza pasada. Este podría ser uno de estos ejemplos, Percy Adlon, no parece que haya sido capaz de demostrar que lo que hizo con “Bagdad Café” (1987) fue solo fruto de un día, porque a posteriori se ha dedicado a hacer telefilmes que no nos han llegado y que ni muchos han gozado de la trascendencia de la película que a continuación pasamos a analizar.

Las dos principales excepcionalidades que presenta la película son en primera instancia el lugar elegido para el desarrollo de la historia, Bagdad. Un café cercano a la autopista principal con gasolinera para repostar pero que no goza de las simpatías de muchos de los que transitan por allí y por tanto no está demasiado concurrido, una especie de isla en medio del desierto del Mohave. Por otro lado en tan peculiar sitio no podríamos encontrar más que peculiares personajes, cada uno esclavo de sus vidas, inmersos en la aplastante cotidianeidad del día a día, donde casi todos subsisten con lo mínimo.

Cuando me refiero a lo mínimo, lo hago en todos los aspectos, siento lo mínimo unos por los otros, la preocupación entre ellos es mínima, el esfuerzo por comprender al que tienes al lado es realmente ínfimo, se dedican a coexistir unos con otros. Nadie se plantea nada extraordinario, esto supondría un esfuerzo aunque fuera mínimo y no están dispuestos a ello. El detonante que rompe con todo este mundo de nimiedad es Jasmin (Marianne Sägebrecht), una rolliza bávara que aparece de la nada rebosante de buenas intenciones, provista de una capacidad de psicoanalizar a todos los personajes que le rodean y sacar de todos ellos lo que mejor tienen. Algo de lo que ni siquiera ellos mismos estaban seguros de poseer.

Jasmin y Brenda (CCH Pounder) parten de una situación muy similar, ambas acaban de terminar su relación de pareja y han decidido afrontar solas el resto de sus días. Es Jasmin la que guiará a una desquiciada Brenda por el camino de la felicidad, como si se tratara de un hada madrina, agitará su varita en los momentos oportunos para que se produzca la magia (de forma literal). Se da cuenta que no puede conseguir nada de ella yendo de frente por tanto atacará por los flancos, hará que el entorno que rodea a la responsable del Bagdad Café se vaya ablandando para que esta acabe sucumbiendo a los requerimientos de la teutona.

Nuestra heroína particular está empeñada en demostrar que cualquiera puede ser feliz en cualquier sitio, por muy ruin que este parezca, parece querernos decir que el ser humano es bueno y que a veces tiene que buscar en su propio interior par darse cuenta de ello. Cuando la pereza y la desidia se hayan apoderado de nuestras vidas no hay que entregarse y renunciar hay que seguir luchando, cualquier día de estos puede aparecer una Jasmin en la vida de cualquiera y lo que nos parecía anodino se convierte en lo más fascinante que nos había ocurrido.

El animalario de personajes es digno de mención, no es necesaria una excesiva voluntad por parte del espectador para darse cuenta de esto, de entre todos me parece bastante curioso el de Rudi Cox (Jack Palance), un particular caballero hollywodiense. Este amplio muestrario de personajes llenos de peculiaridades muy variopintas hace que el largometraje se cubra de retazos de un humor bastante peculiar a la vez que efectivo, pero en justa medida. Lo que por supuesto ayuda a relajar la situación y al propio espectador que se descubre a si mismo de vez en cuando esbozando una sonrisa en el rostro.

Otro detalle que destacaría es el uso que el realizador hace de la cámara y como este evoluciona según avanza la narración, comenzando de una forma más oscilante cuando al inicio la situación es más tensa y quedándose mucho más fija cuando la situación se vuelve más armónica y distendida. Y por último para ir acabando mencionar la fantástica música que se ha elegido para este trabajo, una elección magnífica que transmite realmente la esencia del lugar y de las personas que lo habitan.



TRONCHA