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lunes, 1 de diciembre de 2008

"El hombre de la isla" de Vicente Escrivá

Siendo razonables, cuanto más cine español veo me doy cuenta que este no es tan malo como en un principio a primera vista se puede pensar, que nadie se asuste porque este ejemplo que vamos a tratar ahora no supone ninguna obra cumbre dentro de nuestro séptimo arte, pero si que puedo afirmar que hubo unos cuantos que le pusieron bastante empeño a esto de hacer películas y que aunque los resultados globales no fueron determinantes si que la intención cuenta y al menos se pueden destacar algunos detalles. Quizás en esta opinión que con el tiempo se va resquebrajando influya que solo nos hayan querido mostrar las mismas realizaciones una y otra vez dejando de lado muchos casos que merecen su visionado.

La película es costumbrista a más no poder, una vez más refleja esa época en la que en nuestro país las cosas no andaban muy allá y la gente tenía que luchar día a día para poder sobrevivir e intentar al menos que un bocado llegara para los suyos antes de que llegara la hora de acomodar los ajados huesos en un camastro, el que lo tenía, a la espera de que de nuevo comenzara una jornada más llena de exigencias y privaciones para simplemente poder sobrevivir, la situación era igual de complicada en el interior como en el litoral hispano, solo unos cuantos podían vivir de forma holgada.

Lorenzo (Francisco Rabal) simboliza este tipo de vida de pescadores del litoral levantino que con pocas artes, dependían del fruto de la jornada para poder comer, aparte la vida parece haberle dado la espalda a este duro y solitario personaje, que pretende proyectar una fachada exterior a sus convecinos del pueblo que no encaja con él, pero que poco a poco como no podía ser de otra manera una mujer como Berta (Marga López) acabará echando abajo, con esto no le quito emoción ni desvelo el final, es algo de lo que nos damos cuenta de una forma casi inmediata.

En este tipo de producciones a los de mediana edad, o al menos a mi sí, nos gusta ver actores que gozan de mocedad por estos años, entre ellos destaco los papeles de José (Antonio Ferrandis) y Antonio (Manuel Zarzo) era lo que había en la época y sus papeles acaparan mucha dignidad, algo de agradecer, incluso el que esté rodada en el litoral nos muestra un algo distinto que llega a interesarnos, un correcto uso de la fotografía y por supuesto un osado atrevimiento de la cámara que no es para nada desagradable.

Hay una escena de una sensibilidad impresionante y que destaco sobre el resto de la película, cuando esta ya va avanzada cuando nuestro protagonista ha perdido prácticamente esa coraza de hombre insensible y afloran sus mejores sentimientos internos, vuelve a tocar la guitarra ante una convaleciente Berta tendida en la cama y la cámara se sitúa en el lugar del corazón del guitarrista proyectando su objetivo a través del ojo de la misma para que entre las cuerdas podamos ver el despertar la rubia alemana, como si considerara el director la mejor forma de proyectar los sentimientos del hombre hacia dicha mujer.

Desde aquí reivindico ese cine español del que pocas veces podemos disfrutar y que suponen ejemplos dignos de nuestra gran filmografía y que nadie deberíamos desdeñar cuando se nos plantea la oportunidad de situarnos ante ellos, no dejemos que unos pocos nos digan lo que tenemos o no que ver, sino todo se perderá en el olvido y después vendrán los arrepentimientos, como ejemplo de lo que digo pongan el título de este film en cualquier buscador de Internet y verán los resultados.


TRONCHA