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miércoles, 4 de noviembre de 2009

"The box" de Richard Kelly

Hay películas que se reciben con más pena que gloria y quizás esto acabe incluyendo en esa decisión final en la que determinamos si es o no de nuestro agrado. Un aspecto que también predetermina, si no conoces nada de la misma y has de elegir, es el cartel. En mi caso ver a Cameron Díaz ocupando prácticamente la totalidad del de este film, me predisponía demasiado a pensar mal de este trabajo, por otro lado confieso que un atractivo para acercarme a él era poder ver si Richard Kelly seguía manteniendo al genialidad de su anterior y más exitoso trabajo “Donnie Darko” (2001).

Si nuestro punto de partida es la narración original de Richard Matteson, la cosa se hace bastante atractiva, alguien llega a tu casa de repente y te entrega una caja. El objeto tan solo tiene un pulsador, si lo oprimes ocurren dos cosas, se te recompensa con un millón de dólares y en algún lugar muere alguien que no conoces. Este par de ideas ya dan de si lo suficiente para que nuestra imaginación se ponga a maquinar y por tanto barajar multitud de hipótesis. Si a esto le añadimos que la situación económica no es muy halagüeña el ser humano puede ser capaz de lo peor.

Toda esta incertidumbre es la que ocupa la primera parte de la película, los Lewis, Norma (Cameron Diaz) y Arthur (James Marsden) uno desde el enfoque totalmente escepticista de la situación y la otra desde la absoluta creencia. Ambos se debaten en si conviene o no pulsar el botón rojo de la parte superior de la caja, continuamente debaten con sus conciencias para ver si les interesa realizar esta especie de ritual feminista, ya que comprobarán según va avanzando la narración y según acaba mostrándose que las que pulsan son ellas.

Hasta aquí quizás no tengamos ningún problema, hasta nosotros mismos llegamos a plantearnos que haríamos en esa situación, si el futuro de nuestra familia dependiera de ello. Pero es que todo tiene su trampa, y por supuesto esta película no iba a ser menos, el guión está repleto de ellas. Como decía todo empieza a complicarse, las situaciones que viven los personajes llegan de repente, pasamos del umbral de lo real al de otra dimensión de repente y con pocas explicaciones, no sabiendo realmente porque todo ha sucedido. No debemos incurrir en el error de pensar que el realizador ha pretendido crear confusión a propósito en el espectador, para que aparezca la intriga, más bien pienso que es un defecto de la narración. A veces se enrevesa de tal manera que no resulta creíble y esto acaba apagando nuestro interés, no da resultado el intento de crear un suspense en torno a la historia

Las conclusiones que se pueden sacar de la historia no satisfacen en absoluto, iba a desvelarles aquí el motivo por el cual ocurre todo, pero me parece bastante injusto al que tenga el detalle de detenerse un momento y leer esta reseña. Si ya de por si la historia no llega a meternos dentro de ella del todo, si lo consigue en momentos determinados, pero la intensidad de repente se rompe cuando el director nos sumerge una y otra vez en la aburrida cotidianeidad de los Lewis. La solución que se da a esta especie de entuerto es bastante pretenciosa, el motivo por el cual se entregan “cajas” a determinadas familias como en su momento nos confiesa Steward (Frank Langella) es demasiado fatuo como indicaba antes.

El trabajo de Kelly, pretende entretener y en mi opinión tiene sus momentos (escena del prisma de agua sobre la cama), pero cada vez que la narración goza de cierto ímpetu, este se disipa llevándonos a supuestas escenas de cierta agonía familiar que no llegan al espectador debido sobre todo a la interpretación de los protagonistas. Por tanto determino que en la historia quedan demasiados flecos sueltos para que el acabado final sea bueno, se queda en aceptable, y por supuesto esto hace que sus casi dos horas de duración llegado el punto nos resulten plomizas, en menos tiempo probablemente hubiera dado mejor resultado.


TRONCHA