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lunes, 21 de septiembre de 2009

"Bajos fondos" de Samuel Fuller

You can read this text translated into english at: Underworld U.S.A.

Si hacemos un análisis por encima del cine en general y a lo largo del tiempo, las ideas principales que inspiran las historias que llegan a la gran pantalla son pocas, una de estas ideas que se repite en numerosas ocasiones es la venganza, quien sabe. El ser humano quizás no es tan bueno con sus semejantes como en un principio pueda parecer, igual clamamos la revancha frente a los que nos hacen daño pero nuestra conciencia social no nos permita llevarla a cabo y tenemos que recurrir a un entorno ficticio como es el séptimo arte para desarrollar dicho deseo.

En torno a dicha idea Samuel Fuller confecciona una película increíble, que acapara nuestra atención desde principio a fin con un estilo de cine potente, desgarrado sin pelos en la lengua, mostrándonos un entorno en el que no cabe la compasión, nadie se sacrifica por nadie. El mundo es así de cruel, nadie duda en poner el pie encima de nadie para conseguir su propósito personal, y por supuesto como no podía ser de otra manera el exponente máximo de esta forma de actuar es nuestro protagonista Tolly Devlin (Cliff Robertson).

Algo que también hemos visto en numerosas ocasiones en el cine es que hay personajes que parecen estigmatizados desde que nacen, tu infancia ha sido marcada por un determinado hecho y esa señal queda para siempre, acabará persiguiéndote el resto de los días, por mucho que intentes alargar la zancada habrá ocasiones en que pagaras por aquellos errores cometidos. Esto es algo habitual en el corte social que se le imprime a algunas producciones en determinados países y décadas, la frase concluyente sería que el que la hace la paga, tarde o temprano.

Debo mencionar que la historia me parece que goza de una gran inteligencia, por lo que veo el principal culpable de ello es el mismo Fuller, según va avanzando el film recibimos las dosis justas de información, lo que realmente necesitamos para hacernos cómplices de la misma y ponernos al lado de nuestro protagonista. Por tanto aunque sea de una forma indirecta nosotros también clamamos venganza en su nombre, aunque sus acciones no sean del todo correctas, de una manera quizás egoísta justificamos los medios para llegar al fin pretendido.

La utilización de la cámara es increíble, sobre todo en una de las escenas cumbre de la realización como es la paliza que se le propina a un individuo en el callejón, como espectadores asistimos a una especie de teatro de sombras chinescas reflejadas en el muro de ladrillo. Donde aunque no vemos directamente la escena sabemos perfectamente lo que está pasando y es que el cine en blanco y negro tiene estas delicatessen para el espectador, ese fantástico universo de contrastes entre ambos colores antagonistas acaba siendo mucho más revelador que el de la policromía que ahora mismo impera en el cine.

TRONCHA