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viernes, 7 de septiembre de 2007

"La máscara de Fu Manchu" de Charles Brabin

Resulta curioso como todo en general acaba evolucionando y por supuesto el cine no escapa a todo esto, y dentro de este magnánimo arte tampoco lo hacen las historias, las ideas, los conceptos que todo lo envuelven, sin ir más lejos en la obra que acometo a continuación el enemigo del mundo es otro, no es de la Europa del Este, es de más allá todavía si nos situamos en nuestro país, la hostilidad procede del mundo asiático, no me digan que esto no les resulta al menos un poco curioso.

El objetivo del mundo civilizado es hallar la escondida y enigmática tumba del gran Gengis Kan, en la que se haya la máscara y la cimitarra del mayor guerrero que haya conocido la historia, el concepto de civilizado siempre me ha resultado muy significativo, quien decide si una sociedad está más o menos desarrollada en cuanto a ciertos aspectos y valores, en fin, mucha tinta habría que arrojar sobre este tema y quizás este no sea el lugar apropiado.

Sin irme por las ramas y de una forma directa lo más interesante de la película viene a ser la historia que nos narra, no deberíamos profundizar más, simplemente centrarnos en los aspectos que más nos llaman la atención y que de algún modo nos parezcan más reveladores, incluso si me apuran un poco los más simpáticos, como ejemplo citar el fervor que tiene gran parte del mundo asiático por resucitar el espíritu del gran Khan para que les insuflara su fuerza y poder sacudirse el yugo esclavizador del mundo occidental.

El mismo Fu Manchu (Boris Karloff) es un producto derivado de ese mundo al que él mismo tanto odia, educado y doctorado en algunas de las mejores universidades de Europa, se convierte en el abanderado de dicha cruzada, es digno de mención la corografía que rodea a todos los actos del científico loco de ojos rasgados, porque en el fondo es la semejanza que le encuentro, con personajes parecidos procedentes por ejemplo de la Hammer.

No dejen escapar los curiosos métodos de tortura y las trampas a las que son sometidos los invitados del doctor Fu Manchu, sus pócimas secretas para poder ejercer el control sobre los distintos personajes o en su defecto derivarlo hacia su hija Fah Lo See (Myrna Loy), todo ello como indicaba antes rodeado de muchísima teatralidad y parafernalia. La famosa cimitarra expoliada de la tuba, les juro que no paraba de producirme una mordaz sonrisilla cada vez que alguien la esgrimía en sus manos, para acabar pidiéndome a mi mismo mesura y control en mis reacciones. Y para terminar el arma del millón de voltios, se preguntarán cual es, permítanme que guarde el secreto y que les invite a visionar la obra para que ustedes mismos la vean.

Este último párrafo me lo voy a tomar a modo de aclaración para algunos de mis lectores, los comentarios que hago respecto a ciertos aspectos de esta obra no quiere decir que intente ridiculizarla, todo lo contrario, me merecen mucho respeto obras de este tipo que derrochan originalidad en sus ideas y sobre todo dignidad, esta claro el tiempo las ha castigado y eso es lo que quizás las convierte en más apetecibles en ciertas ocasiones.
TRONCHA

1 comentario:

BUDOKAN dijo...

Enorme trabajo el de Karloff con una caracterización brillante, como siempre nos tenía acostumbrados. Una película un tanto extraña. Saludos!