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viernes, 6 de junio de 2008

"Graceland" de David Winkler

Hay veces que cuando estas con alguien no te queda más remedio que doblegar a lo que quiere, así como ella lo hace conmigo, este no sería el típico ejemplo de película que hubiera decidido ver, pero ante la insistencia de mi doña hice un esfuerzo y me planté junto a ella, otra de las cosas que me motivo es que por el perfil en una de las escenas iniciales donde no hay prácticamente iluminación adiviné que el actor era Harvey Keitel, esto ya era un aliciente.

El caso es que de repente me encuentro que el anteriormente citado dice que es Elvis y que por supuesto su alma se ha vuelto totalmente viajera que se ha dedicado a recorrer el país de las barras y estrellas y ahora se encuentra sin un chavo para volver a su casa, por supuesto Graceland, su camino se cruza con Byron (Johnathon Schaech) un personaje que acaba de sufrir una de las peores experiencias de su vida y al que poco le importa nada y mucho menos la historia que le cuenta el charlatán que acaba subiendo a su coche.

De una manera u otra la cosa se va enredando a través de la típica fórmula de una road movie, la extraña pareja va conociéndose más uno al otro llegando a crear un vínculo al menos de complicidad y de mutua ayuda, hasta aquí la cosa no parece estar mal del todo quizás lo más histriónico viene cuando de repente sus cansados cuerpos van a dar a un hotel que parece sacado del pasado donde todo el mundo imita a alguna estrella de tiempos pretéritos, Marilyn, Bogart, Sammy Davis, etc. Casi nada para nuestro protagonista.

Pero es que llegados a este punto se supone que el guión nos ha mentido en tantas trampas que ya no sabemos por donde va a salir la acción, solo nos queda ver como decide el director acabarla porque ya hemos perdido el interés por saber si Elvis en verdad es quien dice ser o simplemente un farsante, no se preocupen por supuesto que van a saber la verdad, yo no voy a desvelársela aquí, llámenme malvado pero mi estilo no contempla el de reventar las películas.

En conclusión estamos ante un trabajo con muy poca fuerza que a medida que avanzan los kilómetros montados en el cadillac llega un punto que nos da igual creer o no, y quizás es lo que se pretenda en esta historia, a lo mejor intentan mostrarnos que da igual realmente como se llame cada uno, que lo más importante quizás sea la forma de actuar que tenemos con los demás, pero es que hasta de esta afirmación que acabo de hacer también la dudo, porque no me creo que haya tanto altruismo en el mundo, ahora si, ahora ya pueden decir que soy un escéptico.

TRONCHA