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viernes, 4 de mayo de 2007

"Le deuxième souffle" de Jean Pierre Melville

You can read this text translated into english at: Le deuxième souffle

Des y yo comenzamos esta andadura del blog, por supuesto llenos de ilusión, no pensabamos que tanta gente pudiera entrar y leernos, si solo una persona de todo este infinito universo que es internet leia lo que habiamos escrito nos dariamos por satisfechos, de verdad que eso reconforta, probad y vereis; pues bien viendo como pasabais a leernos y contarnos nos propusimos que con la llegada de la entrada 10.000 ambos publicariamos algo especial (con esta declaración quedas obligado amigo), y yo he elegido una película que a ambos nos apasiona, y que a continuación paso a reseñar.

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A mi hijo Diego, ojala algún día sienta el cine como lo siento yo.

Cuando me dispuse a ver esta película de alguna manera tenia mis temores, nunca me ha gustado decepcionar a mis seres queridos, en este caso un amigo, y necesitaba verla con calma, un dia que estuviera receptivo y en el que pudiera ser capaz de asimilar todos los conceptos y distintas situaciones de este film, por ello intentaré no defraudarle con las palabras a continuación descritas, e incluso aprovecho esta ocasión para dedicársela a él, al que agradezco que me haya empujado a este mundillo.

Para empezar podría decir que estamos ante una película de grandes personajes no quizás una gran película en si, por supuesto que lo dicho por mi parte es una solemne estupidez, pero si que hay que reconocer que los personajes están muy por encima de la historia y sobre todo Gustave Minda (Lino Ventura) y el comisario Blot (Paul Meurisse), que este comentario no de lugar a equivocaciones, el que los personajes estén a dicha altura no quiere decir que no veamos una buena película con escenas muy destacadas y rodadas magistralmente por el maestro francés Jean-Pierre Melville.

Una vez más dentro del universo Melville, dentro del cine polar más auténtico, figuraos de que manera que hasta en el comienzo del film se nos advierte de que los autores de la obra no comparten los principios morales de “Gu” (Gustave Minda), y que la historia no tiene que ver con la realidad, yo supongo que el astuto director con este mensaje consigue crearnos aun mayor expectación a la hora de encarar la película.

Vamos a encontrarnos multitud de elementos con el sello del realizador galo, y bastante habituales en sus obras, uno que siempre me ha gustado y me parece muy novedoso es el uso de los espejos, para capturar esa imagen que siempre hay en segundo plano, sin abandonar el enfoque del primero, juega con sus reflejos, y siempre aparecen muchos de ellos en las ambientaciones, es un recurso muy utilizado, incluso para dar dramatismo a algunas de las escenas.

La importancia que se le da a los coches, esos coches impecables, encerados y brillantes, de una alta cilindrada y totalmente imprescindibles para perpetrar los robos, fugas y tramas planeadas por sus ocupantes, los cuales no tienen mucho que envidiar a sus vehículos ya que tanto vayan a tomar una copa a un club, en el que muy probablemente haya un conjunto de señoritas ensayando o realizando algún número de su espectáculo o vayan a perpetrar un robo, siempre irán impecablemente vestidos y con una estilo único, del primero al último.

En general Melville suele mostrarnos un universo bastante amplio de personajes en sus películas, estos siempre suelen estar muy definidos y perfectamente encajados dentro de cada uno de sus roles, los de esta película para nada tienen desperdicio, de entre el conjunto comenzaría destacando a Alban (Michel Constantin) el perro fiel, seguidor de sus amos hasta el fin aunque con ello le vaya la vida, la cual daría por sus jefes sin dudarlo ni un instante; Orloff (Pierre Zimmer) es la personificación de la justicia, del honor entre caballeros, de la amistad pura, es un personaje muy curioso, defiende grandes valores dentro del mundo del hampa, algo que pudiera parecer contradictorio pero que encaja a la perfección dentro de la trama; Manouche (Christine Fabréga) la servicial y compasible, descanso del guerrero al que según ella ha nacido como es, y nunca va a cambiar, castigada por el amor en particular y la vida en general; al igual que el tema de los amistad entre hombres en el cine de Melville ha sido tan comentado, el tema femenino no se queda atrás y quizás merecería capítulo aparte.

Entre todos destacan dos y por el orden que los nombro “Gu”, Gustave Minda y el comisario Blot, el comisario, uno frente al otro, dos personajes llenos de fuerza, con una personalidad arrolladora y que en sus intervenciones llenan la pantalla, el comisario, rebosa ironía y astucia por los cuatro costados, es sagaz, como sino sería posible que andara metido en el enrevesado mundo de la mafia marsellesa y al mismo tiempo fuera tan respetado por ellos. Gu, enemigo público número uno, recientemente fugado de presidio, físicamente ya no es el mismo, pero su código está grabado en el interior de su alma y eso nunca se olvida, tanto el rencor como el respeto hacia sus compañeros de profesión. Dos antagonistas que se acabarán enfrentando y que si somos algo conocedores del cine de este director claramente sabremos quien se alzará con el triunfo en la partida.

El conocimiento demostrado en la realización, sobre el mundo del hampa y de la mafia, parece casi demostrar que el propio realizador perteneciera a alguna de esas bandas organizadas, doy por supuesto que esto no era así, pero no niego que seguro que algunas entrevistas debió tener con gente del otro lado de la ley, para que de alguna manera documentarse, y que por otro lado llegará incluso a entusiasmarle, y eso es lo que Jean-Pierre nos transmite en este film, una especie de atracción fatal y de cierto cariño hacía este mundo al margen de la ley, el cual está lleno, de códigos de honor, de respeto entre gente honorable, de honestidad porque no decirlo, aunque tratemos con ladrones y criminales, nos muestra un mundo incluso comprensible y con el que parecemos empalizar, aunque moralmente no sea muy correcto.

Por supuesto no quiero desvelar aquí el contenido del largometraje y mucho menos quitar la intriga del mismo pero destacaría dos escenas soberbias, cuando en el club de Paris, regentado por Manouche, llegan unos hombres y tirotean a Jacques, apodado “el notario” (Raymond Loyer), acto seguido llega la policía y a la cabeza el comisario Blot, que hace una disertación magnífica cargada de ironía, con un humor negro exquisito, dándole una gran importancia al diálogo, algo no muy habitual en el cine de este director. La segunda escena a destacar, es la del robo, su preparación, y posterior ejecución del mismo, aquí me imagino a Melville, cronómetro en mano, como si él mismo formara parte de la banda, vigilando segundo a segundo que la escena se ejecutara como previamente la había visionado en su mente.

Quisiera concluir diciendo que me parece una obra de magnífica composición y factura y que es totalmente imprescindible de ver para los amantes del cine negro en general y de Melville, y porque no para cualquier amante del cine, que quiera pasar u fabuloso rato, disfrutando de esta maravilla.


TRONCHA

2 comentarios:

des dijo...

Plas

Plas

Plas

(aplausos)

Gracias Sensei

BUDOKAN dijo...

Qué linda película!! Soy Mellvinista de la primera hora y la verdad que este director es impresionante, mi preferida es el samurai, pero todas son obras maestras.