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lunes, 5 de marzo de 2007

"Amanecer" de F.W. Murnau

Los libros de cine siempre me han resultado muy curiosos, realmente no existe una Biblia del cine, por decirlo de alguna manera, cada escritor nos recomienda una serie de películas que no debemos perdernos en nuestra vida, que no hay que dejar de visionar, y que de alguna manera son necesarias para nuestra formación cinematográfica, dependiendo de los criterios aparecen unas u otras, pero sin lugar a dudas una que nunca falta es esta, considerada una de las grandes obras maestras de la historia del cine.

El tema del amor ha sido muy recurrente en el mundo del celuloide, desde su historia, realmente y si lo pensamos es un tema recurrente en el mismo ser humano, yo tengo mi particular teoría sobre él, de quien lo inventó y esas cosas, pero en fin no voy a entrar ahora en esos detalles, además es un medio relativamente sencillo para llegar al espectador quien no ha estado alguna vez enamorado, y por supuesto quien no ha querido vivir una gran pasión, por esto F.W. Murnau nos sitúa la historia de esta película en cualquier lugar o con cualquier pareja como protagonista, dando incluso poca importancia a esto y si una total relevancia al sentimiento en si.

Incluso los actores principales no tienen nombres, o al menos no aparecen en ninguno de los carteles de la película al ser muda, simplemente son un hombre (George O'Brien) y una mujer (Janet Gaynor), que se quieren con locura y que parecen chiquillos, pero que toda esa felicidad se ve perturbada por una veraneante llegada de la ciudad (Margaret Livingston), que representa la pasión, el gusto por lo prohibido, ese ansia por lo desconocido.

Murnau sitúa a los dos protagonistas en un viaje al pasado, después de haber cometido un pecado y siendo cegados por la pasión, dos almas prácticamente puras que han sido contaminadas deben retornar a los principios de fidelidad, y que mejor que renovando los votos de su propio matrimonio, todo este éxodo por la ciudad, les lleva a recobrar la fe perdida en su relación, pero a veces el destino es cruel y castiga a los que no se lo merecen, en ocasiones no perdona errores pasados.

A través de los magistrales planos, secuencias de flash back, fundidos de doble imagen y multitud de esplendidos efectos visuales, Murnau nos pone ante una obra que se me antoja muy audaz, para su época y por supuesto llena de ingenio, incluso un proyecto arriesgado en aquel momento. Un trabajo totalmente centrado en las relaciones de pareja y en la que a modo de anécdota y como curiosidad, no dejamos de ver continuos flirteos y escenas con cierto tono subido para la época.

Es una largometraje lleno de simbolismo, incluso de gags de humor, a través de esa jornada que transcurre en la ciudad en un dia realmente festivo, los personajes son engullidos por la gran urbe, sin dejar de mostrarlos como provincianos e ingenuos, pero que no les cuesta adaptarse, aunque saben que su lugar no esta ahí. No obstante nos encontramos ante una historia sencilla, de fácil comprensión y de sencilla transmisión al espectador, algo muy habitual en el cine mudo, un cine lleno de gestos y de extrema expresividad en los rostros, el lenguaje no se podía expresar con la voz, había que utilizar el resto del cuerpo, y por supuesto a fe que algunos lo hacían de una forma extraordinaria.


TRONCHA

2 comentarios:

BUDOKAN dijo...

Este film es tan gigante como su director, no sólo porque ya había alcanzado su esplendor en Alemania y demostró en Hollywood que podía seguir creando a ese nivel, sino porque es una gran historia de amor.

troncha dijo...

Ademas como bien dices, es una historia de amor que me parece muy cercana, muy posible de que nos pueda pasar a cualquiera (con ciertos matices claro) y eso nos hace involuvrarnos mas en la obra...

Gracias por tu comentario budokan