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lunes, 8 de junio de 2009

"The hitch-hiker" de Ida Lupino

Si señores, nadie se ha confundido, están leyendo correctamente Ida Lupino es la directora de este trabajo que aquí en España se podía haber traducido por algo así como, el autoestopista, no solo de actuar vive la mujer, también de dirigir, esto me hace pensar que dicha dama debía ser de firmes decisiones ya que actuó y dirigió unas cuantas películas en un mundo que estaba predeterminado por y para los hombres, precisamente los años cuarenta y cincuenta no se caracterizaban precisamente por la igualdad de sexos.

Algunas cosas en el cine no han cambiado demasiado, como fenómeno social que es su relación con la misma es bidireccional, me explico, tanto vive el cine de ella, como la sociedad del cine, esto supone que muchos de los guiones que se hicieron para el séptimo arte tengan su base en la propia realidad, en concreto este tiene la suya en unos acontecimientos parecidos que ocurrieron tan solo unos años antes, esto hace de la señora Lupino una oportunista que intentó aprovechar el tirón de los hechos para que su película funcionara en taquilla.

Aparte de todas estas circunstancias podemos observar que la narración se sostiene por si sola, algunas veces se acelera demasiado quedándonos un poco perplejos de lo que historia ha avanzado de repente, el caso es que su funcionamiento es el propio de una "road movie" siniestra, una contrarreloj contra la vida de uno mismo, algo que puede pasarle a cualquiera, como así se encargan de advertirnos en el cartel que aparece nada más comenzar la proyección.

Todo esto añade bastante mordiente e inquietud al guión, lo que ocurre es que quizás no está bien llevado ante la cámara, el principio está bastante claro, vemos como el culpable comienza su espiral de horror, pero desconocemos que rostro tiene, un recurso de lo más loable en cuanto al cine de suspense se trata, parece que todo va a ir por esos derroteros, pero de repente sin más, sin razón alguna y sin aprovechar el factor sorpresa nos le muestra integro para no ocultarle nunca jamás.

El caso es que el perder esta ventaja hace que el interés decaiga ya que nos podemos imaginar porque derroteros va a ir la historia, aun así la realizadora construye una interesante trama entre tres hombres cada uno con su forma de ver la situación de entre ellos para mi, me quedo con el personaje de Collins (Edmond O'Brien), por encima de los otros dos y el que tiene la necesidad de templar su ánimo más que el resto, una historia que acaba recuperando la cordura cuando todo parecía que iba a decantarse del lado de la esquizofrenia y la locura.

Curiosa la forma de exponer la colaboración entre las policías mexicana y estadounidense para la captura del malhechor, no recuerdo ningún film en el que se diera esta situación, de hecho justo todo lo contrario, la senda de huida de cualquier perseguido por la justicia americana siempre había sido hacia la frontera mexicana, no me digan ahora que nadie lo había oído unas cuantas veces en tantos y tantos westerns, haciendo referencia al famoso rio Pecos, pues no se piensen que las cosas siguen igual que cuando todos iban a caballo con el winchester en la silla del caballo.


TRONCHA