"Simbad, el marino" de Richard Wallace
Y es que mis desvelos se debían a la forma de comportarse delante de la cámara, sus amaneradas formas de moverse (fíjense si tienen la oportunidad de ver la posición en la que pone las manos), me parecían mas propias de un saltimbanqui o de un bailarín de ballet clásico, pero en ningún momento el de un corsario que ha surcado los mares y se ha enfrentado a cientos y cientos de situaciones complicadas y enfrentarse incluso a monstruos legendarios.
El plantel de actores la verdad es que en un principio parecía halagüeño, un jovencísimo Anthony Quinn en el papel del emir, que deambula por la película sin pena ni gloria, simplemente luciendo vestuario, algo similar a lo que hace una acartonada Maureen O'Hara (Shireen), que está muy lejos de otros papeles de mucha mayor enjundia que el futuro la depararía y en la que en detrimento de su belleza se consagraría de una forma más abnegada a una mejor interpretación.
A estas alturas decir que el tiempo le ha aplicado un severo castigo al film es algo que ya habrán intuido, desconozco si tuvo éxito en su día y recuperó lo invertido, el caso es que en nuestros días casi seguro que no vería la luz, puede que en el momento de su alumbramiento el espectador disfrutara con mundos fantásticos y las correrías del insigne marino, la imaginación del ser humano es increíble y quien sabe.
TRONCHA
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