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miércoles, 25 de febrero de 2009

"Simbad, el marino" de Richard Wallace

Una de las pretensiones que tengo con mi hijo es la de inculcarle mis sentimientos con el cine, pero poco a poco sin exagerar que ya se sabe que cuando a alguien le obligan las cosas luego no salen como se pretende, el caso es que me dispuse a verla con él y desde el primer momento uno de los absurdos pensamientos que me vino a la mente fue si Douglas Fairbanks Jr. (Simbad) venía del cine mudo, después investigando por ahí vi que estaba equivocado.

Y es que mis desvelos se debían a la forma de comportarse delante de la cámara, sus amaneradas formas de moverse (fíjense si tienen la oportunidad de ver la posición en la que pone las manos), me parecían mas propias de un saltimbanqui o de un bailarín de ballet clásico, pero en ningún momento el de un corsario que ha surcado los mares y se ha enfrentado a cientos y cientos de situaciones complicadas y enfrentarse incluso a monstruos legendarios.

El plantel de actores la verdad es que en un principio parecía halagüeño, un jovencísimo Anthony Quinn en el papel del emir, que deambula por la película sin pena ni gloria, simplemente luciendo vestuario, algo similar a lo que hace una acartonada Maureen O'Hara (Shireen), que está muy lejos de otros papeles de mucha mayor enjundia que el futuro la depararía y en la que en detrimento de su belleza se consagraría de una forma más abnegada a una mejor interpretación.

El caso es que el film no puede ser bueno porque la base de toda la historia la tienen los diálogos, interminables diálogos que llevan y traen la historia de aquí para allá, intentado crear una intriga que lo que más consiguen es liar al espectador en cuanto a por donde van las cosas, hay un abuso total de los decorados, si me apuran diría que no hay un solo exterior y claro estamos ante un largometraje de aventuras y acción y si esta no se produce es difícil que nos acabe llegando y menos con las “ridículas” persecuciones a las que se ve sometido el protagonista.

A estas alturas decir que el tiempo le ha aplicado un severo castigo al film es algo que ya habrán intuido, desconozco si tuvo éxito en su día y recuperó lo invertido, el caso es que en nuestros días casi seguro que no vería la luz, puede que en el momento de su alumbramiento el espectador disfrutara con mundos fantásticos y las correrías del insigne marino, la imaginación del ser humano es increíble y quien sabe.



TRONCHA