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lunes, 26 de enero de 2009

"Odette, una comedia sobre la felicidad" de Eric-Emmanuel Schmitt

Hay películas que son difíciles de encasillar, lo que ves en la pantalla no es habitual y no te decides porque decantarte, esta podría denominarse algo así como un largometraje con cierta fantasía, pero sin llegar a ser fantástico, con toques de humor pero sin ser comedia pura, es más ahondando en este tema, la risa es complicada, lo que en un país es muy gracioso, al otro lado de la frontera puede resultar de lo más anodino, este es del género francés con lo que al menos estiradillo es, no lo duden.

Aunque en un principio la historia pudiera parecer de lo más frívolo la sensación que nos queda al final es que todo tiene mucha más carga de profundidad, entre número y número musical nos vamos dando cuenta de los dos perfiles principales que acaparan la narración el resto no importa no es realmente interesante, sabemos poco de ellos y ni siquiera lo necesitamos, solamente sirven para delimitar el territorio en el que se va a desarrollar todo.

En contraposición, uno frente al otro, pero menos lejos de lo que ellos mismos podrían pensar, están Odette (Catherine Frot y Balthazar (Albert Dupontel), ella es una simple ama de casa enamorada de los libros que escribe él y por extensión de él mismo, una persona normal y corriente que tiene muy poco pero que eso le hace alcanzar el máximo grado de felicidad, enfrente él, éxito, dinero, admiradores, etc. prácticamente tiene todo lo que la sociedad prescribe para hallar la preciada felicidad, pero aun así él no considera que se esté en su poder.

La solución a los problemas del escritor pasan por pedirle ayuda a Odette, la cual no se niega en ningún momento, ella supone la mejor cura para volver a considerarse alguien en el mundo y abandonar la depresión, sorprende la literalidad de algunas imágenes en las que la vemos volar, incluso levitar, para hacernos más palpables aun los sentimientos de la doña, ella es la positividad en persona, nada la arredra, todo tiene su lado positivo, incluso cuando las cosas no marchan todo lo bien que deberían.

Encuentro un paralelismo totalmente contrapuesto con la película “Misery” (1990) de Rob Reiner, por supuesto con la diferencia evidente que hay entre ambas, mientras una discurre por el camino de la violencia total y la otra el de la ternura, ambas se basan en la profunda admiración de dos lectoras por su escritor preferido, incluso en ambos casos también después de cierto tiempo les obligan a volver a escribir...


TRONCHA