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lunes, 11 de febrero de 2008

"No tocar la pasta" de Jacques Becker

Viendo trabajos de este calado y anteriores como por ejemplo el ya tratado por un servidor “Milán, calibre 9” (Milano calibro 9, 1972) me acabo dando cuenta que el cine policíaco para nada era algo reservado tan solo a los cineastas norteamericanos; cada uno en su sitio pero desde aquí asevero que el policiaco europeo no tiene nada que envidiar al que se ha hecho al otro lado del charco.

Cuando los metrajes no son muy largos como es el caso de este tipo de películas conviene aclarar la situación cuanto antes para ver donde nos ubicamos o al menos saber que nos van a mostrar los actores, esto se consigue de varias maneras, con un narrador, algo de lo que no soy muy partidario; mediante diálogos, en este caso si son inteligentes todo queda salvado y por último mediante narración cinematográfica pura y dura que es el método más agradecido y con el que nos deleita Jacques Becker en esta ocasión en la primera escena del café Bouche.

Desde el primer momento no hay que ser ningún lumbreras nos damos cuenta que estamos dentro del mundo del hampa, más en concreto el francés, y en concreto en la figura de Max (Jean Gabin), el personaje acaba perfilándose rápidamente ante nuestros ojos, el maduro ladrón está harto de la vida que ha llevado hasta ahora, como buen profesional ha dado el golpe de su vida y pretende retirarse con el oro que tiene guardado a buen recaudo.

Las cosas se tuercen sobre todo cuando aparece en escena Angelo (Lino Ventura) y pretende apoderarse del botín demostrando muy pocos escrúpulos para conseguirlo, es aquí donde afloran los valores que tratan de exaltar este tipo de largometrajes, la verdad todo hay que decirlo de un cariz bastante misógino, como es la amistad que sobrevuela sobre el resto de conceptos que se puedan perfilar y que está muy por encima de todo lo demás, Max como no puede ser menos responde a esta exigencia cuando las circunstancias se lo exigen.

La narración tiene un tempo correcto, más bien calmo en el que acompañamos a Max en todo su camino hasta llegar al momento álgido en el que el film alcanza su clímax, casi justo al final, un final propio de un dandy, de un vividor al que le han privado de una de sus expectativas pero que lejos de derrumbarse como harían el resto de humanos él acaba aprovechándose de ello y volviéndolo de algún modo en algo positivo.

Una película impecable que nos sumerge en el mundo oscuro de los del otro lado de la ley, que nos permite pasear por ese mundo de varietés y vamps que tan habitual fue durante muchos años en las capitales europeas de aquella época, ese mundo de hombres impecables de dudosa honradez y honestidad pero de profundos valores cultivados que llegan a poner en duda los nuestros al acabar atrapándonos con sus personajes y poniéndonos de su lado ante la ley aunque sea tan solo por unos minutos.

TRONCHA

3 comentarios:

leolo dijo...

Muy buenas recomendaciones, me quedo con el viaje de chijiro, lo japones me gusta siempre más que cualquier cosa, manias. Una pena que la gente no te deje muchos comentarios.

Saludos

TRONCHA dijo...

Pocos pero enriquecedores y muy interesantes. Gracias desde aquí a todos los que escribis. ;-))

Saludos...

leolo dijo...

Se me olvido preguntarte. ¿Has leido el bastón rúnico? Lo ley hace muchos años cuando era chaval y me parecio increible, Morcoock es genial. Hace m´`as años leí unos libros que quiero conseguir, se trata de la trilogia de los tripodes. Como alucine con esos libros, la verdad que de chaval he disfrutado más de los libros que ahora pero que le vamos hacer.

Saludos.

Leolo