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miércoles, 21 de mayo de 2008

"Muere una mujer" de Mario Camus

En determinada época el cine español gozaba de una ingenuidad increíble, siempre he oído a los mayores que el séptimo arte en general es un reflejo de la sociedad en la que nace la película, lo que me da que pensar que por asociación de ambas ideas, la sociedad en la que está salio a la luz era bastante ingenua, o es que a lo mejor la situación que vivían no les dejaba ser de otra manera, el caso es que el ejemplo que a continuación describo tiene un exceso de ingenuidad totalmente exagerado.

El caso es que la historia parte de una premisa sugerente, una mujer muere cuando está intentando pasar una relajada jornada de playa junto a su marido e hijo y de repente pierde la vida cuando acude al coche a recoger algo que se le ha olvidado, hasta aquí todo es intriga o quizás no tanto porque ya nos han dado alguna pista de porque puede haber sido, juro que no les destripo la película por si algún atrevido decide metérsela entre pecho y espalda.

Es a partir de cuando sabemos lo ocurrido cuando nos damos cuenta de lo que antes comentaba, sorprende la ingenuidad de los implicados en la muerte de la doña y de la policía que está investigando, una especie de código de honor en el que si estás colocado en un alto escalón de la sociedad tu credibilidad es mayor para las fuerzas de seguridad que si eres un mero obrero o peor un vago o maleante como se les denominaba en aquella época a los que estaban en el paro.

Por supuesto que las pretensiones del director es que estemos en un continuo suspense para ver como se soluciona la situación más que para saber lo que ha ocurrido, pero es que el protagonista Javier (Alberto Closas) nos cuenta tantas cosas que ni segundos dura la intriga en el estómago del espectador, nada está en su sitio, nada cuadra, nada nos da la sensación de estar ante un ejemplo digno de cine negro como en otros intentos, más bien tenemos el sentimiento de estar ante un folletín que va a tener un final edulcorado que convenga a la moral correcta.

Como ejemplo de adoctrinamiento el castigado pertenece a una clase de personas de esas que llevan una vida disoluta, nada menos que un director artístico del mundo del cine y por supuesto el que desvela todo en una patética e increíble escena final es un empresario que ha forjado su futuro casándose con la hija de un rico y que aunque un poco casquibano, parece que la muerte de su mujer le reconduce y le hace mejor persona, acabando por expiar todos sus pecados.

TRONCHA

1 comentario:

Fantomas dijo...

Según lo que relatas es una película que desperdició la buena premisa con la que contaba....una pena.

Saludos.