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miércoles, 29 de octubre de 2008

"El cerco" de Miguel Iglesias

Cuanto más meto las narices en el cine negro y policíaco español de la década de los cincuenta y sesenta me doy más cuenta de lo poco objetivos que hemos sido en nuestro país con nuestras propias cosas, no entiendo porque a estas obras no se les ha dado mayor difusión y porque por el contrario hemos tenido que estar tragándonos basuras tan grandes como las de la época del landismo, señoras y señores el cine español es mucho más que todo esto, hubo un grupo de directores que intentaron hacer algo distinto y serio, lleno de dignidad.

Miguel Iglesias fue uno de aquellos realizadores que pese a las trabas que la situación política imponía intento hacer un tipo de cine distinto, al menos en el ejemplo que ahora acometemos, pueden tildar su trabajo de que no es muy original, de que la fórmula se ha visto en algunas otras obras de cine americano, pero quizás el mérito este ahí, en intentar españolizar dicha situación y demostrar que tanto aquí como allí se pueden dar historias similares.

Cinco atracadores deciden apoderarse del dinero de la caja de una fundición, por unas circunstancias u otras las cosas no salen bien del todo, este es el principal motivo de que la narración se desarrolle de la forma tan trepidante como lo hace, casi dejando sin aliento a sus protagonistas, en una fuga que más bien se convierte en un sin vivir y nunca mejor empleado el símil, el metraje es de tan solo setenta y siete minutos, pero les aseguro que no tiene desperdicio.

Destaco la persecución de algunos de los malhechores, sobre todo un par de ellas en las que de una pareja de “grises” (apelativo que se le concedía a la policía nacional en aquella época, derivado del color de su uniforme) le dice a un taxista la mítica frase: “Siga a ese taxi”, en plan Chicago años veinte, las continuas subidas y bajadas a tranvías y otros medios de transporte para poder romper ese cerco que se les ha impuesto, cada cual por su lado.

La eficacia de la policía no se pone en duda en absoluto ante tal afrenta, reseñable es que para acentuar esta perspicacia siempre ocurre que los ladrones no están fichados lo que dificulta las cosas, pero no se preocupen que su inteligencia solventará los escollos, aunque cuando quieran hacerlo yo ya casi he cogido el lado de los malos y me he puesto de su parte, quiero que se escapen, como me pasa siempre con los fuera de la ley de las películas de mi amado Melville.

No hay que olvidar en absoluto que estamos ante gente sin escrúpulos que ha cometido un delito, eso si lo hace con hombría a cara descubierta, nada de máscaras, con una violencia que se me antoja excesiva para la época, por expresarle de forma comprensible para todos, hay mucho tiro y mucho muerto, algo no habitual para en aquellos años, pero si me lo permiten la época va a determinar el final, no voy a desvelarles más porque merece que la vean y que se den cuenta de lo que nos perdemos por culpa de un grupo de interesados.


TRONCHA