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miércoles, 8 de octubre de 2008

"Quemar después de leer" de Joel y Ethan Coen

Tengo la certeza de que esta pareja de hermanos tienen dos tipos de películas las grandes y las de transición, la mayoría del público por el contrario piensan que se dividen en las serias y las que te hacen reír, yo pienso que esto no es así porque en todos sus trabajos tenemos algo de ambas cosas, en el caso que ahora nos ocupa debo decir que lo califico como de transición y de buena calidad.

Nunca he sido un ferviente admirador de los Coen, pero si que han sido de los directores que mas trabajos he visto, su tipo de cine no me agrada en todo momento y en ocasiones su específico tipo de humor, pero debo decir que “Quemar después de leer” está más llena de aciertos que de fallos sin llegar a ser una de sus grandes películas. Da la sensación que siempre nos quedamos con la parte cómica de sus filmes, pero si rascamos la superficie y hacemos un análisis más profundo nos damos cuenta que las vidas de algunos de los personajes son dramáticas y no tan superficiales como podrían parecer de un primer vistazo.

Creo que el reparto es acertado, lo que ocurre es que han convertido a George Clooney (Harry Pfarrer) en su actor fetiche, incluso según palabra de los propios autores este papel lo escribieron pensando exclusivamente en él, esta reiteración en el papel de protagonista nos resulta un poco pesado, uno se cansa un poco de ver siempre las mismas muecas, no lo hace mal, pero podría haberlo hecho otro, es más su papel debería haber tenido menos relevancia que el de John Malkovich (Osbourne Cox) el cual surge de una manera muy airosa y fresca, interesante en definitiva, pero que acaba desapareciendo en la película, incluso llegado un punto acabamos echándolo de menos y pensando que no se le ha sacado el partido que se debería.

Frances McDormand (Linda Litzke) en principio a mi me parece correcta sin grandes alharacas, está a lo que tiene que estar, el que si que me sorprende y ya decididamente después de unos cuantos ejemplos le tengo que dar la categoría de gran actor es Brad Pitt (Chad Feldheimer) su personaje es desternillante, desde que aparece en escena se crea una predisposición a la carcajada por parte del espectador para al final acaba arrancándonosla, en mi opinión es el que más destaca de todo el largometraje.

No olvidemos que los hermanos de Minnesota no solo saben hacernos reír, en ningún momento abandono el tono serio y dramático que está en segundo plano y que en algunas situaciones aflora para despertarnos de la borrachera de risas en la que estamos inmersos, consiguiendo que no lleguemos a despistarnos ni un solo instante, que nos mantengamos alerta a lo que va a ocurrir a continuación.

El trabajo funciona a un buen ritmo, suscitando nuestro interés, como pequeño defecto indicar que a veces peca de un exceso coral de personajes, algo que ya apuntaba anteriormente, el que haya tantos implica que el tiempo que se les dedica a algunos no sea el suficiente, aun así todo funciona, los que estén esperando una típica película de los Coen, no van a quedar defraudados, según sus propias palabras, es una película de tontos que se hacen entrañables y se les tiene que querer dejando de lado su tontería.

Por cierto de lo mejor que he visto en el cine desde hace bastante tiempo, las dos escenas que protagonizan un agente de la CIA y su superior (J.K. Simmons) me parece genial un diálogo increible que ridiculiza la burocracia de algunos estamentos que se supone que velan por el bien de la nación y por extensión de la humanidad en sí, ambos diálogos están cargados de inteligencia para acabar convirtiéndoles en un perfecto y desternillante diáologo de besugos.

TRONCHA


viernes, 11 de abril de 2008

"No es pais para viejos" de Joel y Ethan Coen

No se porqué pero con determinados personajes del mundo del cine me pasa que no hay manera de hacerme con ellos y que no llego a alcanzar del todo la plenitud con sus trabajos, ya sean actores, directores, etc. Los hermanos de Minneapolis son uno de estos ejemplos a los que hago referencia, nunca quedo del todo satisfecho con lo que veo siempre se queda algo en el tintero, no digo que no acabe gustándome pero no llega satisfacerme del todo.

La película en si es un ejercicio correcto llega a interesarnos, incluso nos damos cuenta en distintos momentos que nos tiene atrapados, que nos hemos metido del todo en la historia, pero bajo mi punto de vista tiene varios errores y principalmente son en el desarrollo de la historia, hay personajes que no transmiten lo que deberían, incluso historias que no alcanzan el grado que pretenden, hay bastantes cosas que quedan cogidas con pinzas.

El espectador queda atrapado totalmente por Anton Chigurgh (Javier Bardem), el metódico, calibrado, excéntrico, psicópata, loco, asesino, incluso en ocasiones hilarante personaje, pero es que la sensación es que los directores quedan más boquiabiertos aun ante este individuo, lo que hace que el resto de cosas queden sin estar pulidas lo suficiente, por ejemplo perdemos la sensación de contraste generacional que se debería transmitir entre las ideas de este y las de Tom Bell (Tommy Lee Jones), ese contraste que precisamente da título al film, donde pretenden demostrar por que personas de determinada edad con antiguas ideas no tienen sitio en algunos lugares.

Falta claridad en general hay momentos en que no sabemos de donde vienen las cosas, no tenemos claro como hemos llegado al punto donde estamos, incluso lo que parece ser un “engaño” bien urdido a la hora de tener en cuenta que actor de los que estamos viendo es el protagonista a mi se me antoja un defecto de la construcción narrativa que no han sabido solucionar de forma satisfactoria para el espectador.

Aun así me gustó la película sobre todo por la interpretación de Bardem, y hablo totalmente en serio, no soy de sus seguidores más acérrimos, pero en este caso debo reconocer una gran actuación, me gusta también ese aire de road movie, de viajar de un estado a otro, de ese no parar y si lo hacen que sean en moteles de veinticuatro dólares la habitación sencilla y de dudosa sanidad, caminos polvorientos y potentes coches para afrontar extremas condiciones climatológicas, ese viejo y rancio desierto donde se forjo Estados Unidos de hombres de principios graníticos que ven como todo ha cambiado a su alrededor y acaban comprendiendo que no encajan.

En otros aspectos me recuerda a trabajos anteriores, a lo mejor muchos no están de acuerdo con lo que paso a escribir pero a mi en la forma de presentar a los personajes me recuerda mucho a Fargo (1996), por supuesto con su gran diferencia climatológica, pero las gentes, las poblaciones y situaciones que se describen y que vamos encontrando por el camino son gentes normales y corrientes, incluso de cierta candidez y con cierto cariz paleto, más bien de clases sociales bajas y con poca cultura, cuya única escuela ha sido la vida y lo que han aprendiendo más que en sabiduría lo han convertido en principios y valores.

TRONCHA