"El último metro" de François Truffaut

La historia de "El último metro", se sitúa en los años de la Francia ocupada durante la segunda guerra mundial. Como ocupantes de territorio galo, los nazis imponen, entre otras muchas cosas, el toque de queda a los habitantes de París, por tanto a diario se apresuran para coger ese último metro que les lleve a sus domicilios antes de que las calles queden desiertas.
Si atendemos a esta breve introducción podemos pensar que Truffaut se adentra en los entresijos de la gran conflagración mundial y que nos llega a situar frente a un film político, nada más lejos de las intenciones del realizador. Ni siquiera debemos pensar que utilice dicha etapa de la historia de Francia para tomar una actitud moralizadora sobre ella. Este entorno para lo que realmente le sirve es para realizar con este film su particular homenaje a la gente del teatro.

Elogiar la interpretación de los dos protagonistas Marion Steiner (Catherine Deneuve) y Bernard Granger (Gérard Depardieu), sobre todo la de ella, mujer entre dos mundos y dos hombres. Aunque en honor a la verdad he de decir que lo que menos me creo de toda la historia es la historia de amor que surje entre ambos, lo hace de manera espontánea, poco elabora y para mi nada verdadera. Es como si el realizador hubiera forzado un poco la máquina para mostrarnos a una Deneuve mucho menos fría (más apasionada) que en otros trabajos suyos.
El hecho es que a través de la fantástica actriz nos muestra esos dos mundos que coexistieron durante esa y otras conflagraciones bélicas, el de la superficie, lleno de hipocresías y disimulos, ambas posturas necesarias para poder conservar la vida. Por otro lado el mundo subterráneo, el habitado por los perseguidos por los que no pueden arriesgar un ápice ya que su vida se resolvería de inmediato. Pues entre ambos planos es donde ella se mueve como pez en el agua, en una especie de descenso al infierno y ascenso a los cielos.
TRONCHA
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