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jueves, 17 de noviembre de 2011

"La venganza de Frankenstein" de Terence Fisher

La Hammer siempre ha sido muy traída y llevada, por defensores y detractores, el caso es que a mi particularmente siempre me ha encantado. Me ha recordado muchísimo a mi etapa juvenil, cuando podía ver ciertos mitos del terror (y otros no) en la pantalla. Como saben si son seguidores de este espacio, no soy de los que defiende el género de terror sino más bien lo contrario, pero en este caso siempre me ha sido simpático.

Casi siempre la mujer ocupa un papel bastante significativo, mujeres bellas y atractivas aunque a veces no lo sean tanto como actrices. Además la forma de vestirlas con esos vaporosos trajes, semejantes a la seda y por supuesto con sus generosos y estupendos escotes. Por ultimo esos laboratorios que se usaron en ocasiones para más de una película pero que me resultan apasionantes, tubos de ensayo y demás echando humo y burbujas que no paran de bullir.

Identificar una película de estos estudios es relativamente sencillo, si ya has visto anteriormente algunos ejemplos. A continuación doy alguna pista o ejemplo de lo que para mí las diferencia de cualquier otra. Lo primero la sangre, el liquido vital que se derrama en las producciones hammerianas, tienen un color particular, no digo mejor ni peor, pero que es completamente suyo.

Todo ello, al igual que utilizar una serie de actores, directores e incluso guionistas icono, no tenía más que un cometido y por supuesto era el de rentabilizar dichos trabajos. Durante un tiempo funcionó y contaron con éxitos sonados, pero también con muchos fracasos. Aun así es de agradecer que esta modesta productora se lanzara a la aventura y nos dejara el amplio legado que ha llegado a nuestros días.

Ocupándonos de la producción en si, estamos ante la siguiente parte de “La maldición de Frankenstein” (1957), a causa del éxito de la primera surge la segunda, algo muy típico de la Hammer. El caso es que el Barón sigue interpretándolo Peter Cushing, que se ha librado de la horca a cambio de una promesa que realizó a su sirviente para que este lo pudiera liberar. Precisamente su vida actual está dedicada a cumplir esa promesa aunque en ello vaya antes su propia satisfacción personal.

El caso es que Frankenstein no abandona sus ya habituales prácticas por mucho que estas casi le hayan costado la vida. No conforme con perseguir el hecho de crear vida y desenterrar cadáveres para que sirvan a su propósito. Su retorcida mente va mas allá creando un hospital de indigentes don el que suministrar miembros y más miembros para sus retorcidos experimentos.

Pero claro estábamos mal acostumbrados, el monstruo para nada tiene el porte del primero (Christopher Lee). Parece menos engendro que el anterior, es más humano y por tanto menos creíble. Todos sabemos lo que va a ocurrir de un momento haciendo bastante previsible la historia. Incluso el personaje del Barón se hace casi insufrible al dar la sensación de inmortalidad que nos quiere transmitir el final de la película.

TRONCHA

viernes, 7 de noviembre de 2008

"La momia" de Terence Fisher

Cuando alguien realiza una actividad que le gusta lo que pretende es vivir de ella, que mejor que trabaja en lo que nos gusta y poder vivir de ello, la Hammer era lo que pretendió, no se piensen que el carácter comercial que tienen muchas producciones actuales no se intentaba hace años, casi más que ahora si me apuran, pero aun así la forma de trabajar era otra, aunque tampoco faltaban fiascos o fallos. Como insinuaba con anterioridad la distribuidora inglesa en su afán de llenar las arcas hizo esta revisión de su predecesora “La momia” (1932) de Karl Freund, con el incomparable Boris Karloff en el papel del muerto viviente de Egipto.

Porque a mi no me pueden negar que una momia es una especie de zombie antiguo, en realidad era un muerto viviente y sus andares no difieren demasiado de las criaturas de Romero, el caso es que esta producción se me hace de menor calidad que la de la Universal, aquí priman los diálogos sobre al acción, está se circunscribe a un par de escenas o tres en las que el Doctor Banning (Peter Cushing) prácticamente cojo, no sale demasiado airoso.

Aunque para la producción se contaba con Jimmy Sangster, la verdad es que la originalidad del guión es la justa e incluso los momentos álgidos no lo son tanto, ya que hay ocasiones en que nos entramos más de una vez con la misma escena, algo que ya hemos visto nos lo vuelven a repetir, si entramos en el tema de los decorados estos también dejan bastante que desear y eso que no es de las películas más baratas de la distribuidora.

Aun así me parece una película entretenida que se deja ver sin grandes pretensiones, aunque solo sea para admirar la gran interpretación de Lee que hizo de momia, son lo que esto conlleva, sin posibilidad de lucimiento “físico”, pero no nos deja lugar a duda que esos singulares y penetrantes ojos que aparecen debajo de las vendas son los suyos, evocan a aquellos rojizos que podíamos ver en “Dracula” (1958) del mismo director y que quedaron para los anales de la historia del cine.

Simplemente alguna apreciación más indicando que podía haber sido un film de mucha mayor altura, si en momentos indicados se le hubiera impregnado de cierto misterio, por ejemplo y sin ir más lejos las apariciones del monstruo recuerdan a la apertura de la puerta de un armario ropero, el hecho se podría haber “exprimido” algo más, por el contrario los decorados del final y la escena de donde van a dar los huesos de la momia, si me parece relevante y reseñable, no les explico más por no reventar el momento.

Otra vez voy a intentar explicarme diciendo que no es un alegato contra la Hammer, nadie vive del aire y todos necesitamos el vil metal para alcanzar nuestros propósitos, lo que si me parece, o al menos particularmente tengo esa sensación, es que a veces el deseo comercial de sus mandamases se sobreponía totalmente al artístico, importándoles muy poco este último, aun así por favor no hagan caso de las palabras de un pobre tonto como yo, véanla y juzguen ustedes mismos.

TRONCHA

lunes, 5 de noviembre de 2007

"El perro de los Baskerville" de Terence Fisher

No nos damos cuenta muchas veces la importancia que tienen las cosas pequeñas, nadie me puede negar que una pequeña productora inglesa como la Hammer, con una restrictiva política de presupuestos bajísimos fuera a tener la relevancia que realmente tuvo en su época, incluso que actualmente siga siendo un referente y por supuesto que ocupe un puesto de privilegio en la historia del cine.

Todo esto se me hace muy meritorio, porque sino hubiera sido por ellos estoy seguro que muchos de los monstruos exportados de la literatura no hubieran gozado de la fama y la popularización que ahora mismo tienen, si todo el mundo los conoce es por que la principal culpable es la productora inglesa, por supuesto que debido a la gran rentabilidad que le daban a ese techo de 20000 libras fijado como presupuesto para cualquier producción y que les hizo centrarse en el thriller, para dejar de lado sus comienzos en la ciencia ficción.

Desde pequeño me ha atraído el personaje de Sherlock Holmes, como mola ese detective que simplemente con observar el aspecto externo del individuo que tenia enfrente llegaba a deducir una serie de aspectos que acababa dejando boquiabierto al más pintado, incluso leyendo algunos relatos de sir Arthur Conan Doyle, intentaba competir con él, y no se porque razón pero la cara del investigador tenia que ser la de Peter Cushing.

Aunque han pasado ya muchos años, sigo divirtiéndome con estas películas, me siguen resultando frescas e incluso muchas de las cosas posteriores en le tiempo se me antoja que tienen cierta similitud con este tipo de películas, el peso de los diálogos es abrumador, incluso nos pueden parecer en ocasiones engañosos, pero no podemos exigir más, ya que el conocimiento de la época iba por esos derroteros, no podemos perder un instante de diálogo porque ahí está la clave y la tensión del film.

Los decorados se me antojan maravillosos aunque acaben pasando por el mismo una y otra vez, en diferentes escenas, pero Fisher ya se preocupará de ocupar distintos ángulos y darles una iluminación y una ambientación distinta para que nos parezca que estamos en una ubicación completamente distinta, y esto hace que estos sitios se conviertan en muy relevantes como es el caso del páramo, donde todo ocurre y en torno al cual se crea una absoluta atmósfera de misterio e incertidumbre.

Pásense a ver y disfrutar de oto ejemplo de dignidad de la Hammer y si ya la han visto pues denle una vueltecita, total son muy pocos minutos lo que les va a costar y seguro que quedarán agradecidos, además tengan en cuenta que sangre del color de esta no hay en otras películas es copyright de estos ingleses y no me digan los varones que no disfrutan con esos generosos escotes tan prolíficos en las damas de cualquiera de las películas de la productora.
TRONCHA

viernes, 27 de julio de 2007

"La maldición de Frankenstein" de Terence Fisher

Cuantas versiones y cuantas películas del monstruo creado en la novela de Mary Shelley, hay ciertas criaturas que acaban ejerciendo una atracción especial sobre el ser humano y que llega a convertirlos en personajes universales conocidos por todos, como el conde Drácula, el hombre lobo, etc. Es como si de alguna manera todos necesitáramos de ellos de vez en cuando, y por supuesto ellos de nosotros, sobre todo de nuestro corazón, nuestra sangre, en general nuestros cuerpos.

Es bastante curioso el mundo de las parejas dentro del universo del cine, y no solo me refiero a parejas matrimoniales, sentimentales o como deseen llamarlas, me refiero a las que a través del tiempo se han formado entre un director y un actor/actriz, sirvan como ejemplos para ilustrarnos Kurosawa y Mifune, Kieslowski e Irène Jacob, Ozu y Chishu Ryu, y por supuesto la que nos atañe en este momento como es la de Terence Fisher y Peter Cushing, en todos los casos unos beben de los otros se retroalimentan en ambos sentidos, no logramos imaginarnos obras en las que falte uno de los dos, y esto en casi todas las ocasiones acaba engrandeciendo a ambos lados, todo fruto de la comprensión y de esa perfecta simbiosis que logran llevar a cabo.

La citada pareja se va a convertir en una constante en la Hammer, en algo machacón realmente, todos los personajes principales son para el mismo actor, una y otra vez, así ocurre que se convierte en el emblema de la productora, en el estandarte de la misma, más que adaptarse Cushing a las películas, los papeles se adaptan a él, todo gira en torno a él, es el epicentro de la historia.

La obsesión por esta clase de científicos de apariencia normal, personas respetables, totalmente integrados en su comunidad de crear vida de algo inerte es digna de mención a través de los distintos elementos de un cuerpo todos unidos y con una reacción eléctrica lo suficientemente grande para resucitar ese cuerpo que por circunstancias excepcionales y detalles de última hora acaban convirtiéndolo en un monstruo que acaba volviéndose contra su creador, al que le hace culpable de su propia desdicha.

Destacar que por supuesto el papel del Barón von Frankenstein lo encarna el propio Cushing, pero cualquiera adivina quien encarna el de la creación del barón, pues si es un tal Christopher Lee que posteriormente también se convertiría en uno de los principales de la productora inglesa. El mito es el de siempre, con alguna variante, dispónganse a pasar un rato agradable, divirtiéndose con una película digna y que aunque parezca lo contrario no ha castigado el tiempo.
TRONCHA

viernes, 20 de julio de 2007

"Four sided triangle" de Terence Fisher

Sinceramente siempre me es muy difícil hablar sobre estas sencillas películas de esta época, aquellas de la Hammer Productions, siempre las he tenido un cariño especial, y no me gusta hablar mal de ellas, las respeto, porque me doy cuenta que con tan pocos medios a veces resarcían con creces las expectativas depositadas en ellas a las personas que acudían a su estreno en las salas durante los años cincuenta, de lo que no cabe duda es que como diría mi amigo Des, rebosan dignidad.

No me pueden negar que aun viéndoles en la actualidad no les llena de intriga los aparatos que utilizan para todos los experimentos, esos matraces llenos de líquidos de colores, esos serpentines que van rellenándose según avanza la cámara, eso humo que lo impregna todo y esos aparatos eléctricos llenos de válvulas, conmutadores, todo tan analógico contrastando con nuestra era digital, no me digan que todo esto no es romántico, al menos a mi me lo parece.

Y esos locos científicos que siempre resultan ser personas respetables de la comunidad, pero cuando cierran con llave la puerta de su secreto laboratorio al que casi siempre solo ellos pueden acceder se transforman en el más retorcido de los cerebros, intentando conseguir el más difícil todavía del mundo de la ciencia, pero eso si, siempre vestidos de forma impecable, como caballeros que son, ellos nacieron para ser normales pero de alguna manera su cerebro en continua batalla con su cuerpo no se lo ha permitido.

Ese halo de humanidad que llegaba a impregnar un alto porcentaje de su personalidad es lo que en muchísimas ocasiones llegaba a llevarles al fracaso, esos deseos de amar, de ser amado como el resto de los mortales, pero al mismo tiempo el adquirir un compromiso global como benefactores del ser humano en general, intentando llevar la ciencia al alcance de todos aunque fuera a costa del beneficio particular.

En nuestro caso Robin (John Van Eyssen), Bill (Stephen Murray) y Lena (Barbara Payton), junto con el beneplácito de su mecenas el doctor Harvey (James Hayter), logran crear una máquina que consigue hacer un duplicado de cualquier cosa, por supuesto nada es sencillo por mucho que lo parezca, y todo se trunca cuando entran en liza los sentimientos personales de ambos inventores respecto a Lena, la máquina parece la solución a tal encrucijada, aunque veremos una vez más que todo ello acaba chocando con los principios básicos de toda sociedad y esto se acaba pagando sea de una manera u otra.

Para terminar, rato entretenido que acaba pasando uno con este tipo de films, que nos narran como si fuera un cuento, que no nos exigen demasiado tan solo estar pendientes de los diálogos sobre ciertas teorías científicas que son de lo mas rocambolesco.

TRONCHA