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lunes, 17 de marzo de 2008

"Cuatro en la frontera" de Antonio Santillán

Una de las mentes más preclaras que ha habido en este país en el mundo del cine fue Ignacio F. Iquino, emprendedor como pocos intento sacar partido de este mundo y tuvo una visión bastante comercial del asunto, creando sus propios estudios, incluso haciendo sus propias producciones e incluso como es el caso llegando a registrar un sistema de visionado como es el “ifiscope”, similar al famoso cinemascope pero con una banda negra en pantalla menos amplia.

Podríamos encuadrar la producción dentro de lo que es el cine negro español que se hizo durante aquella época (la de los 50 y algo de los 60), un tipo de cine bastante humilde y hecho a “pico y pala” sin grandes pretensiones o quizás muchas pero que no podían de ningún modo excesivas ya que la calidad de los trabajos era la justa, sin exagerar, aunque rebosaban honestidad de eso no hay duda, por eso desde aquí mi elogio a este director que al menos intento hacer algo distinto sin caer en los típicos tópicos que aun en nuestros días sigue arrastrando nuestro cine.

No voy a poner en lo más alto a esta producción porque sería infame por mi parte, ya que la calidad de la misma deja que desear y eso que el planteamiento inicial y lo que es la idea original me parecen bastante sugerentes, España vivió una época de contrabando en la que una sociedad marcada por la hambruna y la penuria intentaba salir a flote intentando burlar la ley a base de valentía y picaresca, no para llenarse los bolsillos, sino para poder subsistir y llevar un pedazo de pan a la boca.

El problema de esta cinta es que en cuanto la historia se sale del tema descrito con anterioridad pierde fuerza hasta llegar a desinflarse del todo perdiendo todo el interés y convirtiéndose en un folletín barato de enredo donde las cuitas que tienen los protagonistas carecen de interés alguno para el espectador, no nos interesa saber la pobre vida que llevan los ricos y los sufrimientos que tienen para poder mantener su multitud de propiedades a flote sin tener que prescindir de ellas.

Como ejemplo de algo distinto a lo que en general se nos ha transmitido de aquella época puede ser bastante válido, pero como producto cinematográfico queda distante del aprobado, no obstante merece la pena ponerse delante de estos trabajos y poder comparar, incluso conocer aspectos de nuestra propia historia, no olvidemos que hay elementos que tan solo nosotros los que nacimos en la piel de toro comprendemos, no me pueden negar que infiltrar a unos policías como jornaleros, doblando el lomo de sol a sol, no es algo típico de nuestra tierra, eso no lo veremos nunca en el polar o noir francés o en el negro americano.

TRONCHA

viernes, 17 de agosto de 2007

"El ojo de cristal" de Antonio Santillán

Denunciado por mi parte una y tantas veces es el conflicto que existe entre el cine español y un servidor, litigio que se agrava sobre todo con el que se realiza actualmente del que realmente no me apetece hablar porque sinceramente no merece la pena, hablar en general por supuesto que siempre supone discriminar ya que considero que nuestro país ha dado muy buenos directores, actores e incluso grandes películas, por ello me he decidido adentrarme en el mundo del cine negro de nuestra filmografía patria.

Ante todo decir que Antonio Santillán pertenece a un grupo de directores catalanes que de alguna manera pretendieron realizar un cine que se nutria de las fuentes de la Nouvelle Vague, y tengo que decir que el intento en esta ocasión no es del todo fallido, se ven elementos muy típicos de ese cine, sobre todo en el uso de la cámara, quizás un poco anquilosados y rígidos que no dejan de tener su cierto merecimiento.

La acción se desarrolla en una Barcelona nocturna, de luces mortecinas, callejones solitarios, sospechosos embutidos en traje y gabardina, policías sin excesiva convicción de su desempeño y de negocios turbios, no nos vayamos a pensar que todo este ambiente nos va allegar a envolver pero si que acaba dando un resultado bastante agradable y digno en su conjunto.

Realmente lo que menos podríamos destacar son las interpretaciones de los personajes, con la salvedad del niño protagonista Pedro (Javier Dotú) actor que acabó en el mundo del doblaje e incluso ofreciendo su voz para que nos bajemos en la estación correcta en el metro madrileño, algo que no me extraña porque en la industria cinematográfica española han acabado subsistiendo los cuatro de siempre repitiendo una y otra vez sus aburridos papeles, con el único propósito de llenar sus bolsillos y dejando de lado el aspecto cultural que lleva implícito el cine en si.

El planteamiento es bastante original, a través de la inocencia de un grupo de niños capitaneado por el hijo de un policía se va a desenredar toda la madeja, demostrando una vez más que el crimen perfecto no existe, por supuesto que iremos encontrando las típicas píldoras de nuestro cine entre ellas y por supuesto la más destacable del encargado de la tintorería “La Puntualidad” (José Sazatornil “Saza”) que obvia decir que es la más magistral de las interpretaciones del film.

La obra en general resulta un ejercicio bastante válido de cine negro, es un resultado respetable, que merece la pena ver, para poder comparar, tampoco en exceso porque acabaríamos destrozándola con las obras maestras del género, lo que demuestra que hay ejemplos notables en nuestro cine, salvando ciertas distancias, que no cuajaron, aunque también en honor a la verdad hay que decir que era una época difícil en la que grandes monstruos del celuloide estaban haciendo obras que entran directamente en la historia del cine por la puerta grande.

TRONCHA